La silueta en los tiempos de guerra

Las tendencias sociales dictan la moda, pero a partir de 1939, fue la guerra la que causó un gran impacto en la vida diaria y, por lo tanto en el vestido. En Europa y América el reclutamiento femenino cambió el papel tradicional de la mujer, que abandonó el hogar para participar de diversas maneras en el conflicto bélico. Mientras las fábricas se dedicaban a los paracaídas y otros suministros de guerra, la demanda de fibras naturales como la seda y la lana hizo que los fabricantes se vieran obligados a sustituirlas por fibras sintéticas. La mayoría de los vestidos de la época son de rayón. En 1941, las restricciones afectaron directamente a la moda. A golpe de decreto, se prohibe el uso de adornos y ciertos materiales. La moda que no era moda de los años de la guerra alumbró un estilo conservador y militar, pero de magnífica calidad, dado que las prendas tenían que durar varias temporadas. Gran Bretaña también controló su alta costura y Francia perdió su posición en la sima de la moda en 1940, bajo la ocupación alemana, y no recuperó su indisctutible liderazgo hasta la liberación en 1944, cuando sus colecciones en “el teatro de la moda” fueron espléndidas.
Mientras tanto, América recurrió a sus propios diseñadores, y así nació el prêt-a-porter americano, con prendas cómodas y funcionales en colores vivos y tejidos como el algodón y el denim.
Despues de la guerra, la moda aún tardaría algún tiempo en retomar su curso, sobre todo allí donde había racionamiento. La dulcificación de la silueta americana fue el preludio del new look radical que Christian Dior lanzó en 1947 y que cambió el aire de la moda definitivamente.

The Yellow Jacket

Ya en el Neolítico (h. 6000 a.C.) y en la Edad de Bronce (h. 1700 a. C.), China acogió gran parte de los elementos característicos de su tradición histórica. Artículos de lujo como sedas, jades, bronces y lacas ya se estaban perfilando en aquellas épocas; y diferenciarían la expresión cultural china de la de otras civilizaciones. La seda en especial ejerció una profunda influencia en las conductas rituales, políticas y sociales que caracterizarían a la sociedad aristocrática china.
La seda se confecciona con los monofilamentos presentes en el capullo del Bombyx mori, un insecto que los granjeros del Neolítico domesticaron hacia finales del cuarto milenio a. C. Durante los siglos siguientes, los granjeros aprendieron a desenrollar los filamentos duros y resistentes para crear el hilo que posibilitaría la fabricación de la seda, “una tela sin igual”. La seda se estableció como un priviligio de los poderosos y pasó a ser característica de una elite gobernante que apareció en China de la mano de una agresiva tribu poseedora de la ventaja militar del carro de guerra: los Shang de la Edad de Bronce.
Las magníficas túnicas de seda de la China imperial dejaron de ser un elemento de la estructura gubernamental tras la Revolución de 1911, aunque siguieron influyendo en el atuendo occidental.

Una aristócrata de Boston de principios del siglo XX luce una túnica de inspiración china cuyo ribete profusamente adornado contrasta con el cuerpo de la prenda en un estilo que vio su origen durante la dinastía Shang

William McGregor Paxton
La túnica amarilla, 1907

Estilo americano (1970)

Nacida en Bélgica, la diseñadora Diane von Furstenberg llegó a Nueva York en 1972, y un año después produjo su primera línea de vestidos cruzados. Era el momento perfecto. Las mujeres empezaban a ser reconocidas como una fuerza laboral en la Gran Manzana, y era posible ser sexy, atractiva y tener éxito, todo a la vez. El vestido cruzado, anudado en la cintura a un lado, sedujo a la mujer trabajadora americana, por su estilo profesional pero femenino. Tres años después se habían vendido cinco millones de copias de esta favorecedora prenda de punto de algodón, de lavar y poner, y disponible en diferentes estampados naturales. Así nació la marca DVF, y la frase: “Sé femenina, lleva un vestido” se convirtió en el lema de la firma.
Relanzado en los años 90´ el apellido von Furstenberg volvió a ser sinónimo de una elegancia femenina y madura.

Estatuas vivientes


Italiana de nacimiento, aunque reside en Nueva York, Vanessa Beecroft (Génova 1969), es una de las figuras indiscutibles del panorama actual. La artista trabaja la imagen de la mujer formando cuadros vivientes, creando obras provocadoras e intrigantes, bellas, descabelladas y efímeras.
Sus performances, desde mediados de los años noventa, están realizadas casi de manera exclusiva con mujeres; y todas son registradas al mismo tiempo en fotografía y video, conformando obras independientes.
Vestíbulos, salas de museos y galerías de arte son los lugares escogidos por Beecroft para llevar a cabo esas acciones (vernissage-événement) en las que grupos de jóvenes mujeres se muestran al público como esculturas vivas, maquilladas, con largas pestañas postizas y pelucas, desnudas o escasamente vestidas (tan solo llevan accesorios de diseñadores de alta costura: biquinis Gucci, botas Helmut Lang, diseños de Azzedine Aläia).
Las modelos muestran la más absoluta indiferencia. El silencio y la falta de movimientos, de actividad, crean un ambiente inquietante en el que la pura contemplación se ve perturbada por la reflexión en torno al estereotipo femenino, la belleza y el erotismo, así como los conceptos de lo individual y lo colectivo.

Moda en la calle

Hasta los años ’30, la ropa de día había sido más decorativa que práctica. Pero entonces, las mujeres empezaron a llevar una vida más ocupada y la moda reflejó ese cambio.
La escasez de dinero obligó a las mujeres a renunciar a los caprichos de la moda y a buscar otras maneras de ser elegantes. Los complementos asumieron un papel importante. Los broches, pendientes y anillos, fueron la alternativa a las joyas preciosas que sólo las clases altas podían permitirse. Los guantes tambien añadían un toque esencial. La moda dictaba que los sombreros se llevaran ligeramente ladeados, la boina reemplazó al sombrero cloche, y aunque los casquetes tambien eran populares, el turbante se convirtió en el complemento estrella del momento.

Indian summer

Lady Edwina Mountbatten, la última virreina de la India.

Edwina Cassel, de familia rica y aristócrata se casó con Lord Mountbatten en 1922 y a partir de ahí, su vida fue una búsqueda frenética de nuevas experiencias, placeres y causas por las que luchar. Formaron un extraño (para la época) “matrimonio abierto” en el que cada uno se movía un poco a su aire. Tuvo amantes, algunos comprobados, como fue el caso de Nehru, primer ministro de la India (y padre de Indira Gandhi); romance que algunos califican como “la más grande historia de amor de todos los tiempos Edwina estuvo muy implicada en la causa de la India a partir de la partición en dos del Punjab, en 1947,  la India de mayoría hindú y Pakistán, de mayoría musulmana,  luchando contra la miseria y siendo consideraba como una auténtica heroína.

En cuanto a la moda, su diseñador favorito fue Charles Frederick Worth, al que se considera el inventor de la Alta Costura; él tuvo la idea de mostrar sus creaciones a sus clientas (lady Edwina, la princesa Metternich, la emperatriz Eugenia, entre otras) haciendo que la presentaran modelos de carne y hueso. Nacía así el desfile de moda; inseparable hoy en día de la idea misma de “colección”.