El señor de los zapatos

Andy Warhol utilizó sellos de caucho para crear patrones y símbolos repetidos en sus obras comerciales y en algunas pinturas. En la década de 1950 Warhol fue contratado por varias compañías para que ilustrara sus productos, y sus dibujos combinaban a menudo los sellos de caucho con la técnica de la línea manchada.

En 1955, Warhol trabajó en una de las campañas de mercado más sofisticadas de la industria del calzado cuando se convirtió en el ilustrador de I. Miller and Sons Shoes. Por aquella época, I. Miller intentaba crear una nueva imagen y experimentó con estrategias que usaban la repetición para grabar su producto en la mente de los consumidores. Los sellos permitieron a Warhol crear rápidamente una diversidad de ilustraciones dentro de un tema similar. Podía modificar el color y la composición de las obras de arte, dando a sus clientes una selección para que eligieran. El experimento tuvo un gran éxito, y Warhol llegó a ser conocido en la industria como la persona de los zapatos, ganando más 100.000 dólares en 1956 por sus ilustraciones de moda.

La campaña llegó a su fin cuando en 1959 la empresa decidió recurrir a la fotografía.

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Maestros: Vivienne Westwood

Temible madre de los punks en 1975, Vivienne Westwood, sigue actualmente regenteando su tienda en Londres. Su colaboración con el teórico del rock Malcom McLaren se interrumpió en 1984. Convertida en creadora de moda a tiempo completo, presenta con regularidad sus colecciones en París, que si bien siguen desafiando con meticulosidad las convenciones británicas, lanzan muchas de las tendencias que influencian a una cierta franja de la juventud atraida por la decadencia de principios de los años noventa. Caderas redondeadas, corsés, suelas de plataforma…
Las referencias de Westwood al siglo XVIII francés, a las cortesanas y al marqués de Sade conmocionan el orden a veces demasiado regulado del pret-à-porter mediante una permanente y saludable llamada al desorden.
Su colección Pirata (1980) inicia todo un movimiento neorromántico. Le sucederá la moda Pionero inspirada en la conquista del Oeste. Luego un estilo “tocador de cortesana”. Miriñaques, polisones, corsés, colas sobredimensionadas, pelucas con bucles, adornos de falsa pedrería asociados a complementos descaradamente fetichistas, mezclan referencias históricas con humor, exhubernacia de detalles con provocación.
Sin rencor, la reina Isabel II la nombró Dama del Imperio Británico en 1992.

Un español en París

Si Dior es el Watteau de la costura (lleno de matices, chic, delicado y oportuno), entonces Balenciaga es el Picasso de la moda porque, como el pintor, Balenciaga guarda un profundo respeto por la tradición y posee un depurado estilo clásico que subyace a todos sus experimentos con lo moderno.

Cecil Beaton
El espejo de la moda

Vísteme siempre!

Cuentan que desde que se convirtió en estrella del celuloide Marilyn Monroe se negó a llevar otra cosa que vestidos ajustados, lo que causó más de un problema al diseñador y vestuarista de Hollywood William Travilla, deseoso de mostrar que estaba al día con el «New look» de Christian Dior.
Ganador de un Oscar en 1949, Travilla vistió a M. Monroe en ocho de sus filmes.

Sólo en dos ocasiones Marilyn llevó falda ancha: cuando le mostraba la pierna a Cary Grant en “Me siento rejuvenecer” (Monkey business 1952) y en “La comezón del séptimo año”, donde exhibía sus zapatos de Salvatore Ferragamo en la ya clásica escena del Metro de Nueva York.
Travilla diseñó el famoso y tantas veces imitado vestido rosa que Monroe llevó para entonar aquel ya legendario “Diamonds are a girl’s best friend” en la película “Los caballeros las prefieren rubias” (1953) basada en la novela homónima de Anita Loos.
Para ese mismo film Travilla también diseñó un vestido dorado con el que la actriz lucía un escote hasta el ombligo.

William “Bill” Travilla trabajó principalmente para la Twentieth Century-Fox y sus créditos incluyen entre otras: ¡Viva Zapata! (1952) de Elia Kazan, Los caballeros las prefieren rubias (1953), La comezón del séptimo año (1955), Gentlemen marry brunettes con Jane Russell (1955), The tall men (1955), Bus stop (1956) y Valle de las muñecas (1967).
En 1985 ganó el premio Emmy al Mejor Diseño de Vestuario por su trabajo en la serie de TV Dallas (episodio Swan song).
Murió en Los Ángeles, California, a los 69 años, el 2 de noviembre de 1990.

El Libertador.

Su estatura era de 1,70 m ,aproximadamente, pero impresionaba como tanto o más por que siempre estaba erguido, con presencia castrense. El rostro se mostraba moreno, ya por coloración natural de la piel, ya por la huella que en el había dejado el servicio prestado a campo abierto. La nariz era aguileña y grande. Los prominentes ojos negros no permanecían nunca quietos y eran dueños de una mirada vivísima. Poseía una inteligencia poco común y sus conocimientos iban mas alla de los propios de una estricta formación profesional.
Su vestimenta – escribió Danina Hudson – era muy sencilla, pues usaba “pantalón de punto de lana, ajustado a la pierna, bota granadera, un largo sobretodo de paño del mismo color en invierno, casaca larga de igual tela en el verano, con botones de metal dorado, corbatín de seda o de cuero charolado, sombrero militar en hule”.

De maneras tranquilas y modales que revelaban esmerada educación, según los momentos era dicharachero y familiar, severo y parco, optimista y dispensador de animo para quienes lo habían perdido o vacilaban.

Nadie pudo ni podrá tacharlo de indiscreto, llevado en ocasiones a ser, por necesidad casi críptico o disimulador sin mentira. Profundamente reservado y caluroso en sus afectos “.

Manías

La desconocida llevaba un chaleco gris perla y un pantalón negro. Cuando en el laboratorio del forense le quitaron el pantalón se encontraron con que debajo de éste llevaba otro pantalón, de color gris. Las manías de los seres humanos son un misterio, dictaminó el forense.

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Roberto Bolaño
La parte de los crímenes

Tippi Hedren
Los pájaros. Alfred Hitchcock
Vestuario: Edith Head – Rita Riggs

El suéter más bonito que los hombres de la tierra hayan creado.

Sucedió que me regalaron un suéter. Hasta allí todo parece simple. Pero no lo es.
Quien me mandó el suéter es una muchacha a quien no conozco. Sé por intermedio de un amigo común, que la muchacha dibuja extraordinariamente bien. Vive en Sao Paulo. Cuando estuvo en Rio almorzó con nuestro amigo. Estaba con un suéter tan lindo que a mi amigo le pareció que me quedaría bien y encargó uno exactamente igual al de ella. Resultó, sin embargo, que la muchacha es mi lectora –¿o me equivoco? – y cuando supo para quién era el regalo insistió en ser ella misma quien me lo hiciera. Mi amigo aceptó.
Y heme aquí dueña de repente del suéter más bonito que los hombres de la tierra hayan creado. Es rojo-luz y parece captar todo lo que es bueno para él y para mi. Ésta es su alma: el color. Estoy escribiendo antes de salir de casa, y con el suéter. Aliada a su color de flama y llama, y me fue dado con tanto cariño que me envuelve toda y quita todo frío de ésta que se siente solitaria. Es una caricia de gran amistad. Hoy voy a salir con él por primera vez. Es ligeramente ajustado, pero tal vez así deba serlo: admitiendo como gloriosa la condición femenina. Una vez terminada esta nota voy a perfumarme con un perfume que es mi secreto: me gustan las cosas secretas. Y estaré lista para enfrentar el frío, no solo el real, también el otro.
Soy una mujer más.

El suéter
Clarice Lispector
Revelación de un mundo