Maestros: Jacques Fath

La maison de Jacques Fath, inaugurada en 1937, sobrevivió a la guerra. Junto con Dior y Balenciaga, Fath fue una figura destacada de la alta costura a finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, hasta su inesperada muerte a la edad de 42 años. Fath fue conocido por sus vestidos “de ocasión”, habitualmente con grandes lazos y pliegues asimétricos.

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Irene´s wardrobe

Para los días primaverales ella prefiere los géneros suaves y volátiles. Hermosos vestidos de muselina o soleras de inspiración ibérica, con grandes faldas acampanadas.
Oriente se presenta bajo un sugerente kimono de la más fina seda pintada a mano con bellas flores de loto, combinado con un obi carmesí.
Las tardes de sport: bermudas y camisas de manga ranglan.
Trajes sastre de faldas tubo para el frío invierno y pequeños sacones de piel de armiño.

Historias de Hollywood X

Howard Greer, jefe del departamento de arte de la Paramount, contrata en 1923 a Head para dibujar los bocetos del vestuario para cada nuevo proyecto del estudio. Con ellos trabajaba un diseñador al que Head admiraba profundamente, Travis Banton. Este se haría cargo del departamento cuando Greer deja el estudio en 1927 y tomará a Edith Head como asistente. Banton, de gran talento, diseñaría algunos de los vestidos más celebrados de Carole Lombard o Marlene Dietrich de quién potencia para la pantalla su famoso “estilo masculino”.
Head comienza creando el vestuario de los actores secundarios en las películas de pequeño presupuesto del estudio, pero su magnífico trabajo y dedicación le hicieron tomar mayor responsabilidad y en poco tiempo alguna de las grandes estrellas de los años veinte como Clara Bow o Mae West vestían sus diseños en la pantalla.
Uno de los primeros éxitos de Head fueron sus creaciones para Dorothy Lamour (foto) en The jungle princess (Wilhelm Thiele, 1936). Para ella creó un exótico vestuario a base de pareos y bañadores de vivos estampados que marcaron la moda en las playas de toda América durante los años treinta.

A lo chico.

En 1910 se produjo un cambio rotundo en la moda, influenciado por los “Ballet Rusos” que recorrían los escenarios europeos. Los colores llamativos y el orientalismo reemplazaron la hegemonía en tonos pastel y las faldas largas. Bailarinas como la sensual Isadora Duncan y la enigmática Mata Hari, se transformaron en íconos de belleza seguidos mundialmente. Gracias a esta nueva moda las mujeres se atrevieron a desafiar los sólidos principios morales que las ataban y comenzaron a mostrar el cuerpo, lo que por supuesto no fue posible sin escándalo eclesiástico y machista de por medio.
Los cuellos “hasta las orejas” dieron paso al escote en “V” y las faldas se acortaron levemente, dejando al descubierto los tobillos, cosa que también causó estupor en la época En 1914 llegó la Primera Guerra Mundial, que terminó por completo con la farándula y el lujo de la moda francesa e inglesa, en donde se encontraban las grandes casas de alta costura.
Una vez finalizado el conflicto, en 1918, la falda campana dio paso a los cortes rectos, “tipo tubo”. El tan utilizado corsé cambió de estrategia, ya que si antes se había usado para levantar el busto, ahora lo hacían para disminuirlo. El “corsé alisador” y los vestidos acinturados en la cadera, dibujaron el nuevo tipo de belleza y de mujer, las que buscaban parecerse más a los muchachos que a las antiguas beldades femeninas. Así surgió la mujer estilo Garzonne, quienes para lograr más aún el parecido con los hombres, se cortaron el pelo y perfilaron las cejas y comenzaron a salir a bailar. Ahora hasta era bien visto ser amiga o parecerse a las cortesanas de “vida alegre”.