Increíbles y Maravillosas


 Después del triunfo de la Revolución Francesa, la apariencia pulida, estirada y representativa del Antiguo Régimen comenzó a desaparecer y, a la vez, se fueron imponiendo un vestuario y costumbres que estaban más acordes con la ideología de la nueva sociedad. Las clases acomodadas de los demás países europeos, siguieron copiando “lo francés”, aunque fueran ropas que denotaran aires de libertad republicana.                                                                 El primer cambio profundo tuvo lugar durante el Directorio. Los más audaces exageraron su vestimenta y su gestualidad. Por calles y plazas, caminaban jóvenes de ambos sexos, haciéndose notar, con sus ropas llamativas, peinados y afeites. A esas mujeres las llamaron las Maravillosas y a los hombres los Increíbles. 

Moda renacentista

Las prendas típicas del  Renacimiento se desarrollaron en Italia, de donde, a raíz de la invasión de Carlos VIII de Francia en 1494, se extendieron al resto de Europa. No está claro por qué la moda italiana, bastante más sencilla, se desarrolló de forma independiente al resto de Europa, pero parece probable que esto se debiera a su clima más cálido. La túnica de cuello bajo y la camisa en el hombre, y las capas igual de sencillas y también de cuello bajo en la mujer (denominadas capa Julieta) ejercieron un efecto breve pero intenso en la evolución del vestido europeo en general. Hacia 1620 había desaparecido la sencillez, y la línea vertical de las prendas medievales fue sustituida por la línea horizontal del traje del renacimiento. Al tiempo que se producía este rápido cambio de estilo, irrumpió en Europa la moda del ‘acuchillado’. Esta tendencia, que probablemente tuvo su origen en el sur de Alemania y que perduró hasta el siglo XVII, consistía en unas aberturas semejantes a cuchilladas en el tejido exterior que dejaban ver una tela distinta por debajo. Tal vez el desarrollo más interesante de esta época fuera la utilización, o al menos la exposición, de las camisas por parte de hombres y mujeres. Una vez que la camisa quedaba a la vista, tenía que ser adornada; los ribetes de encajes y volantes en cuello y mangas se convirtieron en menos de 50 años en gorgueras almidonadas que estuvieron de moda durante otros 100 años.