Luto

A principios del siglo XX el luto ocupaba un lugar simbólico importante por su duración estricta y sus formas. La relación con el finado era determinante: una viuda, por ejemplo, se cubría la cabeza y las manos con sombrero y guantes negros, se ponía ropa interior y medias del mismo color y si usaba alguna alhaja debía ser negra. Se vendían perlas negras y grises y camafeos sin color para llevar al muerto en un colgante. Según la época se usaron crespones, que eran largos velos flotantes desde el sombrero hasta el suelo, y, en verano, tapados de seda negra. A los niños era común que sólo les pusieran un brazalete a los varones y un gran moño en el pelo a las niñas.
La corbata negra era obligatoria también para los que asistían al velatorio y entierro mientras que las mujeres se vestían de oscuro y con modestia. Entendamos que era obligatorio en un sentido moral, impuesto por la costumbre. La trasgresión era, simplemente, mal vista.

Velo de luto
Sombreros de Confitería
César Taibo 2006

Las dos H: Head + Hitchcock

Quizás habría que detenerse especialmente en el trabajo que Edith Head realizó para Hitchcock. Se encargó del vestuario de muchas de las películas del director aunque algunas de ellas merecen destacarse: La ventana indiscreta (Rear window, 1954), Atrapa un ladrón (To catch a thief, 1955) y especialmente, Vértigo (1958). La primera por los maravillosos vestidos de Grace Kelly, quien pocas veces ha estado tan brillante y sofisticada en la pantalla. Atrapa un ladrón, por la enorme elegancia de la pareja Grace Kelly-Cary Grant.
Con toda seguridad Kim Novak en Vértigo no sería la misma sin ese famoso traje sastre de color gris que con tanta obsesión perseguía James Stewart. No sólo por el indiscutible talento de Head demostrado en esta película sino porque pocas veces en el cine el vestuario se convierte en parte fundamental de la narración. La presencia/ausencia de Kim Novak (Madeleine/Judy) a través del vestido, de la imagen perdida y reconstruida, los zapatos de tacón, el traje sastre o el vestido de noche se convierten en un fetiche para el personaje de James Stewart, en objetos con significado por sí mismos, piezas de un rompecabezas que tendrá que reconstruir. Sin duda un trabajo maestro del diseño y del uso del vestuario en la narración cinematográfica.

La belleza es un soberbio caballo desbocado


Había un sombrero de paja azul con una larga cinta azul pálido encima de la cama, y unos guantes de encaje arrugados, de color castaño, marchitándose como dos hojas de cedro.

Fusako vestía un kimono de encaje negro sobre una túnica roja, y una faja japonesa de brocado blanco. Su cara lechosa fluctuaba fresca en la oscuridad. A través del encaje negro se veía seductoramente el carmesí. Toda ella era una presencia que inundaba el aire circundante de dulzura femenina: una mujer lujosa y elegante. Ryuji no había conocido nunca a nadie como ella.

El marino que perdió la gracia del mar
Yukio Mishima

Plancha caliente sobre plumetí celeste


Mi prima Cristina iba esa tarde a una fiesta de cumpleaños. Estrenaba un vestido de plumetí celeste, hermoso, con minúsculas motitas blancas bordadas. Ya vestida y a punto de partir acompañada por la sirvienta, su madre, mi tía, con una plancha ardiente en la mano derecha trató de suprimir una arruga a la altura del hombro. En la premura, le rozó una oreja. Cristina pegó un grito. Después giró la cabeza (mi tía seguía dando los últimos retoques) y me dijo con gran tranquilidad: Viste, el que quiere celeste que le cueste.

Dos relatos porteños
Raúl Escari

Estreno-Escándalo

Parade, creación de los Ballets Russes, con música de Eric Satie, decorados de Pablo Picasso, texto de Jean Cocteau y vestuario supervisado por Gabrielle (Coco) Chanel, sufrió un fracaso rotundo la noche del estreno en el Teatro del Chatelet, el 18 de mayo de 1917. En el texto de presentación de la obra, escrito por Guillaume Apollinaire, aparecía por primera vez la palabra surrealismo.

La muerte viste a la moda

“Qué están usando los cadáveres” se titula un artículo aparecido en 1971 en la revista norteamericana Gags firmado por Susan Berman, en el que subraya: “cuando una persona está muerta, uno advierte más sus ropas porque su personalidad se ha ido”.
Y a modo de catálogo de moda propone “para las mujeres vestidos que se asemejen a los de promoción escolar y para los hombres indescriptibles trajes de vendedores de Biblias. Los vestidos son de talla única y se abrochan por detrás, largo midi pues siempre lo ha sido así y volados en las mangas para que las manos viejas se vean femeninas”. “Existen dos modelos: uno más arreglado tipo doncella de casamiento y otro que es de dos piezas, bata y combinación. La tela es un crepe romaine suave y femenino, los cuellos altos para un look delicado. Los trajes de los hombres son grises o azul oscuro, de talla única, solapas medianas, corbatas conservadoras. También se contemplan las distintas religiones, túnicas blancas cosidas a mano para los mormones y mortajas negras para los judíos ortodoxos”.