Amalia

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… de repente, un murmullo sordo se escucha en todos los ángulos del salón. Las miradas se vuelven hacia la puerta (…) acaban de entrar en el salón: la señora Amalia Sáenz de Olabarrieta y la señorita Florencia Dupasquier.

La primera, siguiendo la rigurosa etiqueta de la viudedad, vestía un traje de raso color lila muy bajo, o mas bien color torcaz, y sobre él, otro de blonda negra más corto que el primero. Su talle, redondo y fino como el de la estatua griega, estaba ajustado por una cinta del mismo color que el viso, cuyas puntas tocaban con la orilla del vestido negro. Su escote era también de blonda; y en el centro del pecho, un pequeño lazo de cinta igual a la del talle completaba los adornos de su sencillo y elegante traje. Sus cabellos estaban rizados y sus rizos finos y lucientes caían hacia su cuello de alabastro; y entre ellos, en su sien derecha, estaba colocada una linda rosa blanca.

El resto de sus hermosos cabellos castaños circundaban la parte posterior de su cabeza en una doble trenza que parecía sujetada solamente por un alfiler de oro a cuya extremidad se veía una magnífica perla; y bajo la trenza, en el lado izquierdo de la cabeza, se descubría apenas la punta de la cinta roja, adorno oficial impuesto bajo terribles penas por el Restaurador de las libertades argentinas.

(…)

Amalia        

José Mármol  

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Tartan. Modas escocesas.

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El tartan es un tejido de origen escocés hecho a base de un diseño geométrico secuencial de líneas de colores y proporciones variadas que producen una apariencia final en forma de cuadros.

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Antiguamente, la combinación de colores de los tartanes estaba determinada por las tintas vegetales que hubiese disponibles en cada comarca. Es posible que cada comarca tuviese un  diseño propio de tartan; fuese por costumbre, o más bien por razones de disponibilidad local de cierta gama de tintas vegetales, o probablemente por una combinación de las dos razones.

Highland Chief 1 200pxSe piensa que el tartan fue primeramente el diseño textil característico de un territorio, hasta que finalmente en el siglo XIX pasó a ser el textil representativo de la familia o del clan que gobernaba  ese territorio.

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 En el año 1746 el ejército Jacobita, conformado en su mayoría por escoceses de las Highlands, que  apoyaban las pretensiones al trono de Carlos Eduardo Estuardo, conocido como Bonnie Prince Charlie o El joven pretendiente, hijo de Jacobo III,  fue derrotado por las tropas británicas en la Batalla de Culloden, y supuso para la causa jacobita, que defendía la restauración de los Estuardo en el trono británico, la derrota definitiva de la que nunca se recuperó.

Entre las medidas de la posterior represión, el gobierno británico prohibió a los escoceses vestir ropa en tartan bajo pena de prisión o exilio, pues aquel era el modo en el que vestían muchos de aquellos hidalgos rurales montañeses.

Cuando la prohibición de vestir el tartan en Escocia fue abolida en el año 1782, después de 36 años de censura, ya no quedaban restos de los antiguos tartanes. Los antiguos tartanes y telares habían sido destruidos, los viejos tejedores se habían muerto, y toda una generación de escoceses había crecido sin ver ni saber lo que era un tartan.

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 El célebre escritor y poeta del Romanticismo escocés, Sir Walter Scott, fue quien finalmente consiguió establecer el tartan como moderno símbolo nacional escocés.

En ocasión la visita de Estado del Rey George IV a Escocia en 1822, Sir Walter Scott convenció al monarca de “vestir con la ropa de los antiguos Galos” asegurándole que así ganaría el respeto de los hidalgos de las Highlands, que anteriormente habían apoyado al bando Jacobista.

Aunque ya nadie en Escocia vestía tartan desde hacía un siglo, Sir Scott, a cargo de organizar la visita real, produjo rápidamente un manual de instrucciones de cómo vestir “la ropa antigua de las Highlands” y comunicó a todos los invitados de la sociedad escocesa que para asistir a la recepción Real se requería vestir en tartan y kilt. Rápidamente, toda la nobleza escocesa, urbana y rural, empezó una carrera desesperada para encontrar sastres que pudiesen hacer las nuevas prendas a tiempo para poder acudir a la recepción Real, de acuerdo con las especificaciones hechas por Sir Walter Scott.

El teatral evento fue todo un éxito y a partir de esta ceremonia Real el tartan se convirtió  en una moda entre las clases altas escocesas. Las principales familias hidalgas o clanes de cada comarca empezaron a adoptar el tartan como símbolo heráldico-textil de representar su linaje. En el año 1831 se publicó “The Scottish Gael”, el primero libro recopilatorio de -nuevos- tartanes de los clanes escoceses.

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Poiret y los estilos orientales.

Poiret liberó a las mujeres. Durante los años anteriores a 1911 ya había transformado la moda francesa. Fue principalmente él quien selló el destino del corsé y puso fin a una época en la que el cuerpo femenino se había dividido en dos masas con una cintura marcadamente estrecha.

“Era todavía la época del corsé. Lancé una guerra contra él … En nombre de la libertad, provoqué mi primera revolución, sitiando deliberadamente, al corsé”

La nueva tendencia de Poiret resaltaba los colores llamativos, el movimiento físico, una imagen reducida y unificada del cuerpo, con ropa que caía desde los hombros. La cintura se trasladó hacia arriba, inmediatamente debajo de los senos, y se diseñaron vestidos que seguían la línea del cuerpo, recuperando el estilo Directorio. Esta tendencia neoclásica estuvo influida por las innovaciones que Isadora Duncan efectuó en la danza y en el vestido.
 

 
En 1911, tras el  estilo Directorio Poiret introdujo el primer estilo oriental. Había resumido su trabajo de los tres años anteriores en el álbum ilustrado Les choses de Paul Poiret, obra de George Lepape. La última sección del folleto, dedicada a las modas “del mañana”, mostraba cuatro imágenes de mujeres en pantalones.
 
 
Los “pantalones de odalisca” permitieron a Poiret lanzar un estilo bifurcado en la esfera de la alta costura.  El modisto dio el paso crucial que suponía la abolición del miriñaque y la falda ancha diseñando “quatre manières de culotter une femme”, basadas en la idea del vestido oriental. Así, recapituló, en un contexto diferente los bombachos de Amelia Bloomer (1850) como la falda oriental o falda pantalón de Lady Harberton, diseñadas en la década de 1880 para la Racional Dress Society.
 
El asalto a la nevera:
Reflexiones sobre la cultura del siglo XX
Peter Wollen   

La Rational Dress Society y Lady Harberton.

A finales del siglo XIX hubo en Inglaterra un movimiento
para racionalizar la forma de vestir de las mujeres.

 La Rational Dress Society fue creada en 1881 en Londres por
Florence Wallace Pomeroy (1843-1911) conocida como Lady Harberton, con la
finalidad de liberar a la mujer de los condicionamientos de los vestidos de su
época y fomentar el uso de prendas adaptadas a los tiempos modernos.
Esta era su declaración de principios:
“La Asociación para la Racionalidad en el Vestir protesta
contra la introducción de cualquier moda en el vestir que deforme la figura,
impida los movimientos del cuerpo o de alguna manera tienda a perjudicar la
salud. Protesta contra el uso de corsés extremadamente ajustados; de zapatos de
tacón alto, faldas demasiado pesadas, que hacen casi imposible la práctica de
cualquier ejercicio, y de todos los mantos que sujetan las prendas de vestir u
otros que obstaculicen el movimiento de los brazos. Protesta contra miriñaques
y polisones de cualquier tipo, por deformantes y feos. Pide que todos se vistan
de forma sana, cómoda y bella, buscar lo que permita crear la comodidad y la
belleza de nuestra vestimenta como un deber para con nosotros mismos y para los
demás.”
 
La propia Lady Harberton vestía pantalones y
faldas-pantalón, así como zapatos planos, muchos años antes de que se
extendiera su uso entre las señoras. Esto le valió fama de excéntrica.
Una de las razones por las que deseaba cambiar la moda era
su afición a montar en bicicleta, lo que naturalmente era difícil con los
estilos de ropa imperantes en la era victoriana. Un día de 1898 se presentó con
sus compañeros del Cyclists Touring Club vestida con una chaqueta de corte
masculino y unos pantalones bombachos. Trató de que la sirvieran en el
restaurante, pero la dueña se negó a atenderla. Lady Harberton la llevó a los
tribunales, pero perdió el juicio.
 
Creó también la Liga de la Falda Corta, cuyas componentes se
comprometían a vestir faldas cuya longitud quedase al menos a 5 cm. del suelo.
Afirmaba que “nadie es libre si no está en condiciones de usar libremente sus
extremidades”.
Lady Harberton no llegó a ver triunfar sus ideas, pero su
lucha no fue en vano y su influencia en el posterior devenir de la moda femenina
es indiscutible.

Bloomers

Amelia Jenks Bloomer (1918-1894) quedó impresionada al descubrir el atuendo con influencias turcas de la señorita Elizabeth Miller (hija de un congresista de la época) que incluía un pantalón bombacho de fina y cómoda tela. Amelia deseó adaptar el pantalón ligeramente holgado y con reminiscencias árabes en el traje femenino, para librarlo de la opresión del corsé y de la complicación de las faldas de la época. Allí comenzó la polémica. 
  
Muchos sólo recuerdan a Amelia Bloomer como la creadora de una moda revolucionaria en su época, los bloomers o pantalones bombachos, pero Amelia Bloomer fue también una incansable defensora de los derechos de la mujer en una sociedad para la que una mujer era sólo el pilar de la familia, y trataba de dejar en un segundo plano sus facetas culturales, creativas, políticas o trabajadora.
En enero de 1849, animada por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony – otras defensoras de los derechos de la mujer, comenzó a publicar su propio periódico The Lily, completamente dedicado a la mujer y a sus intereses y desde donde intentaba enfocar los temas femeninos – educación, disciplina, moda y sufragio – desde un punto de vista reformista, reclamando un papel más destacable e igualitario de la mujer en la sociedad.

En 1850 y a través de su periódico, presentó un nuevo estilo de vestuario para las mujeres “activas” inspirado en los trajes tradicionales turcos. La presentación de sus pantalones para mujeres  provocaron una oleada de indignación entre la sociedad e insultos de la prensa.
Estos pantalones eran como unas enaguas largas, flojas y ligeramente hinchadas que se estrechaban en el tobillo; sobre ellas iba una falda más corta que las habituales faldas victorianas. Aunque el diseño desde el punto de vista estético puede resultar discutible, lo cierto es que resultaban cómodos y fueron la antesala de los pantalones para uso femenino.

 

Fueron muchas las mujeres que se atrevieron a usarlos, a pesar de ser ridiculizadas y de las burlas que tuvieron que soportar; algunas los usaban por el convencimiento de que representaban un avance para la comodidad de las mujeres lejos del encorsetamiento que imponía la moda victoriana; otras lo hicieron por reivindicación, usando los “bloomers” como un símbolo de la igualdad de  derechos de la mujer.
Así, el bloomerismo llegó a convertirse hacia 1890 en todo un fenómeno de lo moderno con la llegada de la “fiebre de la bicicleta”, ya que era mucho más cómodo montar en bicicleta con bloomers y no con faldas. Eso sí, su renacer trajo consigo alguna variación estética: un tejido más adecuado como el tweed y la supresión de la falda superpuesta.

 

Extravagancias / Por una cabeza.

En la década de 1770, la moda femenina de la corte francesa se caracterizaba por una enorme falda ahuecada lateralmente por un guardainfante, y un alto peinado. Esta moda expresaba la cumbre de la belleza del artificio; los vestidos eran tratados como si fuesen construcciones arquitectónicas realizadas en tela.

Para entonces, la refinada ligereza del período rococó había desaparecido y oscuros presagios de la Revolución empezaban a asomar en la indumentaria. Los peinados de una altura exagerada y las pelucas añadían mas complicación al atuendo. Si bien anteriormente los peinados habían tenido el aspecto de pintorescos paisajes y jardines de flores, hacia 1770 se volvieron algo raros y exagerados, y los coiffeurs adquirieron un importantísimo papel en la creación de esos extraordinarios tocados.

La victoria de la fragata francesa La Belle Poule, en el año 1778, inspiró nuevos estilos de peinado, como los llamados à la Belle Poule, à l´indépendante y à la Junon, en los que se colocaban réplicas en miniatura de las naves de guerra sobre la cabeza.
Y esto también se convirtió en moda.

Arte y moda en los vestidos reforma.

Durante el verano de 1906 Emilie Flöge se transformó en modelo de su propio salón. Con el decorado del campo cercano, las orillas en suave pendiente del lago Attersee y del jardín del retiro estival que ella y Gustav Klimt habían elegido en la Alta Austria, presentó diez variaciones de vestido largos; prototipos de los trajes nacidos de la reforma vienesa de 1900.

 En esta memorable sesión fotográfica es el mismo Klimt quien se coloca detrás de la cámara, eligiendo los encuadres como si estuviera componiendo sus propias pinturas.
¿Inventó asi Klimt el oficio de fotógrafo de modas? Lo que no se puede negar es que fue el primero en tomar clichés en plena naturaleza y no en el taller de moda.

Emilie Flöge fue sin dudas la primera modelo del mundo. Lo atestiguan las fotografías que Madame d´Ora (Dora Kallmus) le tomó a partir de 1909: la vemos posar en medio de su salón con vestidos artísticos creados por aquellos que frecuentaban el “círculo Klimt”

Desde 1904 dirigió con sus hermanas Pauline y Helena, el elegante “Salón de las hermnas Flöge”, consagrado a la alta costura y para cuya decoración Klimt volvió los ojos hacia la Wierner Werkstätte. Se decidió encerrar los caprichos del lujo y la moda en un “salón-estuche” de una geometría estricta, decorado en tonalidades puras de negro, blanco y gris.

Klimt también se encargó de la imagen de marca del salón de las tres hermanas. El logotipo de la casa aparecía en el papel de cartas, en las facturas y transformado en etiqueta tejida era cosido en cada prenda.

Klimt y la moda  
Christian Brandstätter