El marqués bailarín. Henry Cyril Paget

Henry Cyril Paget, quinto Marqués de Anglesey (1875-1905),
personaje del ruidoso fin de la era victoriana, vivió su corta vida
desperdiciando la gran fortuna que había heredado.
Vástago de una familia militar, su bisabuelo, el primer
marqués de Anglesey, obtuvo su título después de perder su pierna derecha en la
batalla de Waterloo.
Su madre se había alejado de la cama matrimonial para tener
un affaire con el extravagante actor francés Benoit-Constant Coquelin. El joven
Henry fue criado en París y a los ocho años fue llevado a vivir a la mansión de
estilo gótico de Anglesey, en el norte de Gales, que heredó a los 23 años.
 
En enero de 1898
se casó con su bella prima
Lillian Florence Maud Chetwynd. Lily era hermosa, con ojos de color
verde y rojo y dorado cabello, como si acabara de salir de una pintura
prerrafaelista.

En pocas semanas Henry reunió una importante colección de joyas y cubrió a su mujer de esmeraldas y diamantes, hipotecando su fortuna, pero el matrimonio (no consumado) no duró mucho y se divorciaron en 2 años. La ruptura le dio a Henry más libertad para disfrutar de su estilo de vida auto-indulgente.  

Las perlas estaban en el centro de la elaboradísima
estrategia que desplegaba para vivir en un estilo de altísima teatralidad,
estilo que requería innumerables joyas extraordinarias y trajes delirantes.
Le gustaba ver sus esmeraldas, rubíes y diamantes sobre su
cuerpo desnudo, derramando su fortuna en Van KleefArpels, y otros joyeros de clase alta. Llevaba decenas de
anillos en sus dedos largos y delicados. Vestido con ropa extravagante, su
figura esbelta podía ser vista caminando por  el centro de Londres.

 

Utilizó su extensa fortuna para comprar joyas y pieles, y
para hacer fiestas extravagantes y actuaciones teatrales. Convirtió la capilla
de la casa de campo de la familia en Plas Newydd  en un teatro de 150 asientos, llamado el “Teatro de la
alegría”.
Allí tomó el papel principal lujosamente ataviado, en producciones
que iban desde la pantomima hasta la comedia. Las actuaciones fueron, en primer
lugar, por delante de los criados, pero luego contrató a una compañía
profesional de teatro de Londres. Se reservó una parte pequeña pero colorida
para sí mismo, un baile exótico, sexy y sinuoso como una serpiente, que requería cambios
constantes de trajes de seda de brillantes colores,  joyas turquesas,
diamantes y un tocado de plumas de avestruz, ganándose el mote de “el
marqués bailarín”.
Durante tres años llevó a su compañía de gira por Gran
Bretaña y Europa: cincuenta personas y cinco camiones cargados de maletas,
vestuarios y toda la parafernalia teatral. Pero el coste de estas actividades
fue enorme, sus acreedores lo persiguieron y el marqués tuvo que declararse en
bancarrota en 1904.

Su vestuario de lujo, especialmente su batas de Charvet , y
las joyas fueron vendidas para pagar sus deudas. En el castillo, los síndicos
designados por sus acreedores encontraron cofres de tesoros de perlasy la mayor colección del mundo de
bastones con  incrustaciones de
amatistas y esmeraldas. Todo salió a la venta en lo que fue la subasta del
siglo, con una duración de 40 días. Hasta los perros del marqués se vendieron –
su chows, pugs, collies y terriers. Lo mismo hicieron con los caballos, coches,
carros y yates.
En 1905 a los 30 años,
Henry Cyril Paget murió de pleuresía en Monte Carlo tras una larga
enfermedad, con su ex esposa a su lado.

Descíframe, mi amor, o me veré obligada a devorarte

 
era hora de vestirse: se miró en el espejo y sólo era linda por el hecho de ser una mujer: su cuerpo era fino y fuerte
eligió un vestido de tela gruesa a pesar del calor, casi sin modelo, el modelo sería su propio cuerpo pero (…)
arreglarse era un ritual que la preocupaba: la tela ya no era un mero paño, se transformaba en material y era ese género que con su cuerpo daba cuerpo -¿cómo podía una simple tela ganar tanto movimiento? su pelo lavado a la mañana y secado al sol en el pequeño patio parecía de seda castaña antigua- ¿linda? no, mujer
entonces se pintó cuidadosamente los labios, los ojos, lo que hacía, según una amiga, muy mal, se pasó perfume por la frente y en la comisura de los pechos…
 
… perfumarse era de una sabiduría instintiva, que venía de milenios de mujeres aparentemente pasivas aprendiendo, y como todo arte, exigía que tuviese un mínimo de conocimiento de sí misma…
perfumarse era un acto secreto y casi religioso.
-¿usaría aros? dudó, ya que quería orejas delicadas y simples, algo modestamente desnudo, dudó más: riqueza aún mayor sería la de esconder con el pelo las orejas de ciervo y volverlas secretas, pero no resistió: las descubrió, estirando el pelo para atrás de las orejas incongruentes y pálidas: ¿reina egipcia? no, toda adornada como las mujeres bíblicas, y había también algo en sus ojos pintados que decía con melancolía: descíframe, mi amor,  o me veré obligada a devorarte, y…
Clarice Lispector
Un aprendizaje o El libro de los placeres

Marion Morehouse

Mientras que “el modelo como musa” cubre el
período que comienza después de la Segunda Guerra Mundial, podría decirse que
la primera “top model” surgió en la década de 1920.
Marion Morehouse
– la futura señora e. e. cummings –
saltó a la fama fotografiada por Edward Steichen para las revistas
Vanity Fair y Vogue.
Modelo y también fotógrafa, conoció al poeta, pintor, ensayista y dramaturgo estadounidense en 1932 y
aunque no está claro si los dos estuvieron alguna vez legalmente casados, vivieron
juntos  hasta la muerte de Cummings
en 1962. Ella murio siete años más
tarde en el apartamento de Greenwich Village que habían compartido.
“The greatest fashion model I ever photographed was Marion Morehouse. When she put on the clothes that were to
be photographed, she transformed herself into a woman who really would wear
that gown”.
Edward Steichen