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Borsalino (1970) Dir: Jacques Deray
Alain Delon, Jean-Paul Belmondo

En un severo cartel enlosado en el que unos pequeños raspones son prueba de que ya ha superado los cien años, la disposición anuncia: “Por orden del Comisario se prohíbe entrar armado y con sombrero puesto al despacho de bebidas. Orden policial. Febrero 1892”. Entramos al salón donde según los anuncios publicitarios, podríamos comprar una Bidú para los chicos, beber nosotros una Lusera o una Havana, pedir para la señora que está con dolor de cabeza un Geniol y ¿por qué no?, probarnos un sombrero Borsalino confeccionado por “Borsalino, Giuseppe e fratello”.

Lineas (Ch. Dior)

Tras la Segunda Guerra Mundial la mujer encuentra, definitivamente, el sitio de su cintura y la forma de su cuerpo. La mujer consigue por fin, parecerse a sí misma.
Pero no hay que hacerse muchas ilusiones. Los modistos inventan varias líneas femeninas nuevas: la A, la H, la O (de tan arcaica raigambre), la I, etc.
A pesar de ello, las mujeres conscientes no hacen caso y siguen utilizando la línea natural, que no es precisamente, la distancia más corta entre dos puntos.

Joyas masculinas

La norma general es que el hombre debe llevar pocas joyas y muy simples. Las más usuales, además de la alianza de matrimonio son: la aguja del cuello de la camisa, el alfiler de corbata, los gemelos, el reloj, la hebilla del cinturón, y las condecoraciones e insignias.
El alfiler de corbata tiene su origen en la aguja o imperdible que se llevaba en el siglo XVIII para mantener en su sitio la voluminosa lazada de muselina o encaje que estaba de moda. Buena solución para que la corbata no se mueva, sobre todo si es de seda fina. Las corbatas de tejido grueso es mejor llevarlas caídas y sin ninguna sujeción.
Los gemelos son imprescindibles cuando se llevan puños dobles. Las hebillas de cinturón deberían ser discretas, sobre todo en trajes formales. Las condecoraciones únicamente se ponen con uniformes o con jaqué. Van en la solapa izquierda, en fila y de arriba-abajo según su importancia. Las insignias indican la pertenencia a algún club o asociación.
En el siglo XVI, cuando la fabricación de relojes estaba a cargo de los cerrajeros, aparece el reloj de colgar, al parecer, obra de un cerrajero alemán que redujo la maquinaria hasta adaptarla a una caja de píldoras, a la que le puso una tapa de cristal. Estos relojes se llevaban colgados de una cadena o cordón.
Los primeros relojes de muñeca se fabricaron hacia 1890. Al principio no tuvieron éxito porque se consideraban pulseras, propios de las mujeres, pero durante la I Guerra Mundial, los adoptaron los oficiales, porque era más fáciles de consultar, y desaparecieron las connotaciones femeninas.
Hacia 1930 se hacen sumergibles, y en 1969 se hizo un reloj para ir a la luna, el Speedmaster, diseñado por Claude Baillodin y rigurosamente probado por la Nasa.
El reloj electrónico digital, preciso y de fácil lectura apareció en la década de 1960.