El vestir moderno

La moda en sentido estricto apenas sale a la luz antes de mediados del siglo XIV, momento en que se impone un tipo de vestido radicalmente nuevo, diferenciado solo en razón del sexo: corto y ajustado para el hombre, largo y envolviendo el cuerpo para la mujer. Revolución de indumentaria que colocó las bases del vestir moderno. Un atuendo masculino compuesto por un jubón, especie de chaqueta corta y estrecha unida a calzones ceñidos que dibujaban la forma de las piernas, y un traje femenino que perpetuaba la tradición del vestido largo, pero mucho mas ajustado y escotado. La gran novedad la constituyó el abandono del sobretodo amplio en forma de blusón, en beneficio de un traje masculino corto, ajustado al talle, cerrado con botones y descubriendo las piernas, moldeadas por medias calzas: El vestido femenino es asimismo ceñido y exalta los atributos de la feminidad: el traje alarga el cuerpo por mediación de la cola, resalta el busto, las caderas, el arco lumbar. El escote destaca el pecho; en el siglo XV incluso el vientre se pone de relieve por medio de pequeñas bolas prominentes escondidas bajo la ropa, como testimonia el famoso cuadro de Jan Van Eyck “La boda Arnolfini” 1434.
A partir de ese momento los cambios van a precipitarse, las variaciones de la apariencia serán más frecuentes, más extravagantes, más arbitrarias; hace su aparición un ritmo desconocido hasta el momento y formas ostensiblemente caprichosas, gratuitas, decorativas, que definen el proceso mismo de la moda. El cambio ya no es un fenómeno accidental, raro, fortuito, se ha convertido en una regla permanente de placer para la alta sociedad, lo fugaz funcionará como una de las estructuras constitutivas de la vida mundana.

Gilles Lipovetsky
El imperio de lo efímero.

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Japón

Las mujeres japonesas son elegantes en sus prendas de vestir y de modales extraordinariamente refinados. En público, normalmente llevan la cabeza descubierta, usando un parasol confeccionado en seda bien apretada sobre un delicado armazón de bambú y que al igual que el abanico es una parte de rigor en cualquier vestuario de una mujer respetable.
El kimono (prenda común en hombres y mujeres de todas las clases sociales) lleva bordado en las mangas y en la parte trasera el escudo de armas de la familia.
El cinturón ancho llamado obi, es de seda, se envuelve dos veces alrededor del cuerpo, y la posición del nudo indica el estado civil de la persona.
Todas las mujeres japonesas adornan su pelo con flores, cintas y agujas, pero jamás llevarán pendientes u otro artículo de joyería.

Albert Racinet, Civilizaciones antiguas del siglo XIX
Historia del Vestido

Orientación de la moda

Azul, blanco y rojo, los tres colores “club”, reinan nuevamente en las colecciones. A veces solos, otras unidos para formar contrastes llamativos y juveniles.
La influencia militar se hace sentir en la moda de esta estación fría, aportando todos sus elementos para los abrigos de corte netamente sport. Se ven tapados rectos con grandes bolsillos aplicados y botones dorados o plateados.
El vestido negro es imprescindible en el vestuario de toda mujer elegante. Para animar su seriedad, el jabot o el cuello blanco se hacen presentes.
Los creadores de la moda se siguen preocupando por poner en relieve los detalles; uno de ellos es el cinturón, que ha vuelto definitivamente no solo para adornar, sino para transformar el vestido.
El ruedo sigue descubriendo las rodillas a pesar de algunas tentativas de alargar la falda. Los cuellos, cuando existen, son redondeados o rectos. Ultra femeninas, las mangas vaporosas con anchos puños abotonados acentúan el encanto nocturno.
Las telas ofrecen un panorama variado: con cuadros chicos o grandes los escoceses compiten con los pied-de-poule, el príncipe de Gales muestra su sobriedad distinguida, las lanas fantasía se presentan en una gama de colores delicados y, para las horas de gran vestir, el lamé, el brocato y las telas cubiertas con lentejuelas brillan alegre y suntuosamente bajo las luces.

Temporada N° 257
Junio 1968

Historias de Hollywood III

Tampoco Coco Chanel fue insensible a la llamada de la gran pantalla. A principios de los años treinta, Coco necesitaba pasar un tiempo lejos de París, y Samuel Goldwyn le ofreció un millón de dólares por trasladarse a Hollywood para trabajar como asesora de vestuario de la MGM. Además, debería vestir dentro y fuera de la pantalla a cuatro estrellas de la Metro: Norma Talmadge, Ina Claire, Lily Damita y Gloria Swanson, para quien confeccionó los vestidos de “Esta noche o nunca”. Cuando, unos días antes de empezar el rodaje, la Swanson hizo la prueba definitiva de sus vestidos, Chanel notó que había engordado, y habló con la actriz: “Deje de atiborrarse, o ninguno de estos trajes le servirá”. La joven estalló en lágrimas antes de confesar a Coco que estaba embarazada, y que nadie debía saberlo hasta el final de la película. La diseñadora ideó entonces un complicado sistema de fajas elásticas para adaptar a cada modelo y disimular así el estado de la señorita Swanson.