Hace lo que quiere.

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Cristobal Balenciaga, 1965.                                                            Museo Balenciaga Getaria

“Con las telas, hacemos lo que podemos. Balenciaga hace lo que quiere”

                                                                                                                   Christian Dior.

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Marion Morehouse

Mientras que “el modelo como musa” cubre el
período que comienza después de la Segunda Guerra Mundial, podría decirse que
la primera “top model” surgió en la década de 1920.
Marion Morehouse
– la futura señora e. e. cummings –
saltó a la fama fotografiada por Edward Steichen para las revistas
Vanity Fair y Vogue.
Modelo y también fotógrafa, conoció al poeta, pintor, ensayista y dramaturgo estadounidense en 1932 y
aunque no está claro si los dos estuvieron alguna vez legalmente casados, vivieron
juntos  hasta la muerte de Cummings
en 1962. Ella murio siete años más
tarde en el apartamento de Greenwich Village que habían compartido.
“The greatest fashion model I ever photographed was Marion Morehouse. When she put on the clothes that were to
be photographed, she transformed herself into a woman who really would wear
that gown”.
Edward Steichen

        

Conseguid un buen diseñador y sed felices! Irene Gibbons

Irene Lentz Gibbons pasó los primeros 16 años de su vida en el rancho de su padre en Montana. Fue a la escuela de diseño y luego abrió una modesta tienda de ropa en Los Angeles. Un día, por casualidad, entró allí Dolores del Río y quedó asombrada por la altísima calidad del trabajo de Irene.
La actriz compró varios vestidos e informó a sus amigas acerca del lugar. Inmediatamente Irene se puso de moda.
En 1936, se casó con el guionista Eliot Gibbons, hermano de Cedric Gibbons, celebre director artístico de la MGM. Muy pronto Irene abandonó su sencilla tienda para dirigir el lujoso salón  de Bullock´s Wilshire en el centro de Los Angeles.  En 1938 Irene ya diseñaba trajes para películas, por encargo de Universal.
 

En 1941, Adrian, el genial jefe de diseñadores de moda de la MGM, declaró que estaba hasta las narices del estudio. Durante años nadie había impuesto límites al presupuesto de las extravagantes creaciones de vestuario para las más sofisticadas estrellas. No obstante, en los últimos tiempos, había recibido el encargo de vestir a Greta Garbo de un modo más parecido al de la mujer media norteamericana, y los ejecutivos de la corporación habían empezado a limitar sus presupuestos. Adrian abandonó la MGM para abrir su propio salón de costura.
Así, Irene dejó Bullock´s Wilshire para ocupar el puesto de Adrian como diseñadora ejecutiva de la MGM. 
Con los años, Irene crearía hermosos vestidos para Marlene  Dietrich, Elizabeth Taylor, Claudette Colbert, Hedy Lamarr, Judy Garland, Lana Turner y muchas más; sus creaciones souflé se hicieron célebres.
Posteriormente trabajó en varios films de Doris Day.  La actriz y la diseñadora se hicieron amigas. Day se dio cuenta de que Irene, generalmente nerviosa e introvertida, bebía demasiado y veía poco a su marido. Un día le confesó a Day que estaba enamorada de Gary Cooper y que era el único hombre al que habría querido en su vida. Cooper murio en 1961. 
El 15 de noviembre de 1962, Irene alquiló una habitación en el Hotel Knickerbocker de Los Angeles bajo un nombre falso.
Se cortó las venas. Como la muerte tardaba en llegar saltó por la ventana desde el decimo cuarto piso.

Se encontró una nota que decía: “Lo siento. Esto es lo mejor. Conseguid un buen diseñador y sed felices. Os amo a todos. Irene”

Hollywood Babilonia  
Kenneth Anger  

El suéter más bonito que los hombres de la tierra hayan creado.

Sucedió que me regalaron un suéter. Hasta allí todo parece simple. Pero no lo es.
Quien me mandó el suéter es una muchacha a quien no conozco. Sé por intermedio de un amigo común, que la muchacha dibuja extraordinariamente bien. Vive en Sao Paulo. Cuando estuvo en Rio almorzó con nuestro amigo. Estaba con un suéter tan lindo que a mi amigo le pareció que me quedaría bien y encargó uno exactamente igual al de ella. Resultó, sin embargo, que la muchacha es mi lectora –¿o me equivoco? – y cuando supo para quién era el regalo insistió en ser ella misma quien me lo hiciera. Mi amigo aceptó.
Y heme aquí dueña de repente del suéter más bonito que los hombres de la tierra hayan creado. Es rojo-luz y parece captar todo lo que es bueno para él y para mi. Ésta es su alma: el color. Estoy escribiendo antes de salir de casa, y con el suéter. Aliada a su color de flama y llama, y me fue dado con tanto cariño que me envuelve toda y quita todo frío de ésta que se siente solitaria. Es una caricia de gran amistad. Hoy voy a salir con él por primera vez. Es ligeramente ajustado, pero tal vez así deba serlo: admitiendo como gloriosa la condición femenina. Una vez terminada esta nota voy a perfumarme con un perfume que es mi secreto: me gustan las cosas secretas. Y estaré lista para enfrentar el frío, no solo el real, también el otro.
Soy una mujer más.

El suéter
Clarice Lispector
Revelación de un mundo

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Borsalino (1970) Dir: Jacques Deray
Alain Delon, Jean-Paul Belmondo

En un severo cartel enlosado en el que unos pequeños raspones son prueba de que ya ha superado los cien años, la disposición anuncia: “Por orden del Comisario se prohíbe entrar armado y con sombrero puesto al despacho de bebidas. Orden policial. Febrero 1892”. Entramos al salón donde según los anuncios publicitarios, podríamos comprar una Bidú para los chicos, beber nosotros una Lusera o una Havana, pedir para la señora que está con dolor de cabeza un Geniol y ¿por qué no?, probarnos un sombrero Borsalino confeccionado por “Borsalino, Giuseppe e fratello”.