Ilustración y fotografía en Vogue. 1920-1930

Las décadas de 1920 y 1930 representan la “edad de oro” de la ilustración de moda.

La admiración de Condé Nast por la Gazette du bon ton, de Vogel, le animó a invertir en ilustraciones en las páginas interiores de Vogue. 

 
 
Entre 1910 y el comienzo de la segunda guerra mundial, la portada de la revista (siempre de gran impacto) consistió en una ilustración de uno de los miembros de su equipo. Después de la primera guerra, a los ilustradores de Vogue (Helen Dryden, George Wolf Plank, George Lepape, y J. C: Leyendecker) se unieron otros artistas como: Eduardo Benito, Charles Martin, Pierre Brissaud, André Marty y Mario Simon. 

No obstante, el principal objetivo de Vogue, expresado por el propio Nast y su indomable jefa de redacción Edna Woolman Chase, era mostrar la moda a sus lectoras de la manera más informativa y detallada posible.  Discrepaban así con los artistas, que estaban interesados en conseguir dibujos entretenidos y efectos decorativos… estaban aburridos de cualquier cosa que se pareciese a transmitir fielmente el espíritu de la moda contemporánea.

Aunque a Nast  le gustaba promocionar todas las novedades del arte, siempre y cuando contasen con el chic intangible de Vogue, se mostraba ambiguo sobre el valor de la ilustración frente a la fotografía. Sus reservas se disiparon gracias a la obra del americano Carl Erickson (Eric), que fue a Paris para realizar un reportaje sobre la moda francesa, y del archienemigo de éste, el conde René Bouët-Willaunez. 

 
 

Durante la década de 1930, estos dos artistas (con ciertas similitudes de estilo) establecieron un nuevo estándar  de realismo en la ilustración de moda. Sin embargo la balanza empezó a inclinarse a favor del reportaje fotográfico: la primera fotografía de portada en color (de Edgard Steichen) de una mujer en traje de baño, apareció en 1932. En 1936, el análisis de las ventas de Vogue  reveló que las portadas fotográficas se vendían mejor. Según Nast el futuro estaba en la fotografía; así la ilustración se relegó sobre todo a las páginas interiores.

Zapatero a su zapato. Mártires.

San Crépin y su hermano San Crépinien, son dos mártires del siglo III cuya fiesta para los cristianos es el 25 de octubre.
Eran cristianos y zapateros en Soissons- localidad  francesa situada en el departamento de Aisne, en la región de Picardía- fabricaban zapatos para los pobres y se los regalaban. Un día en el año 285 o 286 d.C. fueron denunciados y conducidos ante el emperador romano Máximo (Marcus Aurelius Valerius Maximianus Herculius 250- 310 d.C), que se encontraba de paso por el norte de la Galia. El emperador les ordena abjurar de su fe, a lo que ellos rehúsan fervientemente, por tanto les hace torturar por Rictiovarus uno de sus ejecutores más crueles, sometiéndolos a diversos tormentos de los que salen milagrosamente indemnes, por lo cual tienen que ser decapitados al día siguiente.

Son por su oficio, patrones de los zapateros, pero también de los fabricantes de guantes, talabarteros y curtidores.

Maestros: Mildred Orrick

One Cigarette, Two Lights. Vestido Mildred Orrick, Abril 1950
Mildred Orrick (1906-94) fue una innovadora de la moda de los años 1920 a 1970. Trabajaba de manera anónima bajo el nombre de otros diseñadores, y sus contribuciones en gran parte no han sido reconocidas. Sus innovaciones incluyen el uso en 1942 de leotardos de baile como un elemento de ropa ocasional y el desarrollo del abrigo acampanado poco después del levantamiento de las restricciones de la segunda Guerra Mundial contra el empleo de tela. Los bosquejos de Orrick muestran una ejecución gráfica notable y son pruebas de sus amplias habilidades y la capacidad de mantener un estilo distintivo encontrando las necesidades de cada patrón.
 Orrick  sirvió como  ayudante de Natacha Rambova, la viuda de Rodolfo Valentino, que manejó un estudio de moda en Manhattan entre 1928 y 1932. Para Rambova, Orrick produjo diseños exóticos y desordenadamente originales, creó trajes para Lysistrata (1930) y el Hamlet (1931) montado por el visionario director Norman Bel Geddes, quien también la eligió para que diseñara las estatuillas que representan a la gente futurista para el objeto expuesto en la Feria Mundial Futurama en Nueva York, 1939. En 1942 trabajó como ilustradora de Harpers Bazaar. 

Vestido Claire McCardell, 1946.
En 1945, Orrick estableció una línea bajo su propio nombre. La primera colección de firma, pero su trabajo acabó en 1955 cuando la empresa se dobló.
Continuó su trabajo en Vestidos Lynbrook , Vestidos Townley y entre 1957 y 1959 se hizo cargo de la linea de Claire McCardell.

Se retiró a mediados de los años 1970.

Virilidad y polvos rosados.

¿A las mujeres les puede gustar ese tipo de hombre que en un lavabo público se aplica polvos rosados en el rostro o se arregla el cabello en un ascensor, en medio de todo el mundo?
Es bien conocida la inclinación de Rodolfo Valentino por la extravagancia sartorial, su famoso brazalete de esclavo sin el cual jamás se mostraba públicamente, sus joyas de oro, su preferencia por los perfumes fuertes, los abrigos ribeteados con chinchilla y su pronunciada coquetería italiana.
Cuando Natacha Rambova, la segunda esposa de Valentino (cuya pulsera de esclavo llevaba Rudy), se separó en 1926, salió a la luz que el matrimonio jamás se había consumado. Ya en 1922, su primer esposa, Jean Acker, lo había acusado de negligencia y rechazo en el aspecto sexual.
Ambas mujeres, Natacha Rambova y Jean Acker eran “protegidas” de la igualmente exótica Alla Nazimova, la más notable importación femenina de Hollywood en esos tiempos.
Rambova había diseñado los modelos tipo Beardsley para la personal versión de Salomé interpretada por Alla Nazimova, para la cual se empleó exclusivamente a actores homosexuales en homenaje a Oscar Wilde.
Fue ella quien le presentó a sus dos mujeres. Valentino se refería a ella como “el jefe” y se hacía acreedora del calificativo inmiscuyéndose en la carrera de su esposo en la Paramount.
La pérdida de Valentino, a los 31 años, dejó un rastro de inconsolables amantes de ambos sexos, a juzgar por los torrentes de lágrimas derramados. Por ese entonces el recuerdo de Rudy también era reverenciado por Ramón Novarro, quien conservaba en una urna de su dormitorio un consolador de grafito, del más representativo art decó, enaltecido por la firma autógrafa de Valentino. Un regalo de Rudy.  
                                                                                       Pero, ¿de veras tengo pinta de marica?