Pantalones Oxford

Los jóvenes siempre trataron de diferenciarse de sus mayores
y establecer sus propias modas. Ya en los años veinte los estudiantes de Oxford
y Cambridge violaban  por primera
vez  la práctica de Eduardiana de
usar diferentes tipos de vestimenta para distintos momentos del día.
En 1924 en la Universidad de Oxford, un pequeño grupo de
estudiantes varones comenzaron a usar unos pantalones que nunca habían sido
usados ​​por sus padres.
Conocidos como “bolsas de Oxford” por su aspecto
excesivamente ancho, estos pantalones podían deslizarse sin esfuerzo sobre la
ropa interior tabú.
El estilo fue inventado por Harold Acton  en su viaje a Oxford, quien supuestamente se inspiró en el
tipo de pantalones que los remeros llevaban sobre sus pantalones cortos.
El estilo pronto atrajo la atención de los estudiantes
universitarios estadounidenses, particularmente los asistentes de la Ivy
League
, las universidades de mayor prestigio académico y social.
Debido a su naturaleza excesiva los pantalones Oxford nunca
se convirtieron en una moda general y perdieron su atractivo a finales de la
década de 1920. Sin embargo, en distintas versiones han vuelto en reiteradas
ocasiones y se han puesto de moda entre los jóvenes:  el pantalón zoot suit popular entre los jóvenes varones
afroamericanos durante 1930 y 1940, los pantalones acampanados durante la
décadas de 1960 y 1970 y los pantalones oversized de patas anchas ​​de los
adolescentes de los ´90.
El estilo también hizo una reaparición en 1970. Una popular
banda de chicos The Bay City Rollersllevaba una variante de pantalones Oxford
con adornos de cuadros escoceses.

 

 

Guardapolvos blancos

En nuestro país no hay otro símbolo equivalente de lo que
representa la escuela pública que el guardapolvo blanco.
En la época de D. F. Sarmiento se creía que era malo obligar a
usar cualquier tipo de uniformes por el costo que implicaba para las familias,
lo que pondría más obstáculos para la asistencia a la escuela. Sólo a
principios del siglo XX se empezaron a usar. La idea era proporcionar un
vestuario económico, higiénico y democrático que acompañara la expansión de la
escuela.

 
Uno de los tantos que se postula como inventor de los
delantales blancos es Pablo Pizzurno, por aquel entonces Inspector General de
Escuelas para la Capital Federal que formuló su queja sobre los vestidos
lujosos que usaban las alumnas para ir a la escuela en 1904. Según Pizzurno, reiterando
un tema central de la moralidad de la época, había que sospechar del lujo y la
ostentación en las mujeres, porque se centraba en la frivolidad y porque el
amor a los vestidos caros potencialmente podía llevar a oficios non sanctos.
Según Pizzurno, las mujeres, naturalmente débiles de carácter y con tendencia a
la superficialidad, eran más pasibles de caer en tentaciones que los hombres; y
por eso su apariencia debía regularse con mucho más celo, también, por
supuesto, para garantizar su “decencia” y su pudor. La queja sobre la
peligrosidad del lujo y la ostentación lo llevó a recomendar el uso del
delantal igualador, tomado al parecer de una clase de trabajos manuales,
“con las ventajas de todo orden, morales, económicas, higiénicas y hasta estéticas
que se le reconocen”.

En 1915 se promulga un decreto que no sólo autoriza sino que
recomienda el uso de delantales blancos para el personal docente de las
escuelas de la Capital. Se lo consideró “buena práctica”, porque
“además de inculcar en los niños la tendencia de vestir con sencillez,
suprimirá la competencia en los trajes entre el mismo personal.”

Los delantales rápidamente “colonizaron” las
formas de vestirse de los niños y los adultos en las escuelas públicas. El
camino hacia la uniformación del vestuario ya estaba pavimentado.

 
Los relatos de quienes sostienen haber inventado los
guardapolvos hablan de la disponibilidad de las telas blancas y de su costo más
bajo, algo que debería ser contrastado con una historia de la industria textil
que aún no ha sido escrita. Se creía que el blanco era el mejor color para la
ropa higiénica, porque es un buen conductor del calor y porque es liviano;
también fue el centro de la “estética de lo lavable” que prefería las
superficies lisas y claras para garantizar la limpieza.

La historia de los guardapolvos escolares no es solamente la
de la democratización de la escuela; los guardapolvos también fundaron
exclusiones e impusieron jerarquías y desigualdades de género, sociales,
raciales y culturales.
Habría que interrogar estas apariencias y formas del vestir
en la escuela y pensar acerca de la justicia y la libertad que promueven.

Los relatos de quienes sostienen haber inventado los
guardapolvos hablan de la disponibilidad de las telas blancas y de su costo más
bajo, algo que debería ser contrastado con una historia de la industria textil
que aún no ha sido escrita. Se creía que el blanco era el mejor color para la
ropa higiénica, porque es un buen conductor del calor y porque es liviano;
también fue el centro de la “estética de lo lavable” que prefería las
superficies lisas y claras para garantizar la limpieza.

La historia de los guardapolvos escolares no es solamente la
de la democratización de la escuela; los guardapolvos también fundaron
exclusiones e impusieron jerarquías y desigualdades de género, sociales,
raciales y culturales.

Habría que interrogar estas apariencias y formas del vestir
en la escuela y pensar acerca de la justicia y la libertad que promueven.

Desfile eclesiástico. Roma. F. Fellini

 

Entre el
documental y el ensueño mágico de sus imágenes, “Roma” de Federico Fellini propone un fascinante recorrido por la capital italiana.  
Con motivo de la construcción
del metro, las máquinas descubren una vieja casa enterrada, en cuyas
paredes cuelgan unos frescos. Una de las pinturas representa a una vieja dama,
perteneciente a la rancia aristocracia romana, que organiza en su casa unos
desfiles de moda muy originales: es la moda de los hábitos de la Iglesia. Un
desfile bufonesco en el que se deja constancia del inmovilismo católico.
El universo filmado en  Roma es un lugar de la
memoria, una experiencia subjetiva de la capital italiana. La visión
personal -donde presente, pasado y fantasía conviven simultáneamente- se impone
sobre la rigurosa reconstrucción histórica (el macabro desfile eclesiástico
carece de fuentes fidedignas más allá del genio felliniano)

Roma (1972)  Federico Fellini

Decorados y Vestuario: Danilo Donati

Modas erógenas

No es para nada extraño que cuando el vestido inaugura una nueva motivación, exagere en demasía la función que esta ejerce. Cuando surgió el fenómeno de la moda hacia 1350 – 1370 la estrenada función de expresión de la naturaleza sexual a través del vestido, se mostró en vientres prominentes que simulaban embarazos como el de la señora Arnolfini en la pintura de Van Eyck, o en grandes escotes y profundas quillas que señalaban zonas erógenas femeninas.

Las prendas masculinas ostentaban en cambio mangas y calzones con rellenos para acentuar la virilidad.

Susana Saulquin   
La moda, después   

La loba. Bette Davis

Si
hubo alguna vez en Hollywood una actriz capaz de bordar, como nunca
antes lo había hecho nadie los papeles de malvada esa fue,
indiscutiblemente Bette Davis.

Hollywood – Los Angeles, California, 1941.
William Wyler dirige para Samuel Goldwyn el drama americano The Little Foxes.
La estrella: Bette Davis. El vestuario: Orry-Kelly.

  
Las leyes de conservación de California impiden el uso de los pájaros disecados en los sombreros.
Frente a tal prohibición Orry-Kelly toma prestada una paloma blanca, el epítome del arte taxidermista, del Museo de Louisiana. 
Puede verse aqui sobre un sombrero con velo.

Bette Davis es “el ave rapaz” Regina Giddens

“dice el Señor, matad a la loba que se come nuestras vides, y nos roba nuestros racimos de uva”