Orgullo bien vestido

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Las organizaciones guerrilleras no supieron cómo enfrentar el tema de la homosexualidad. Las reivindicaciones de la época eran sociales y este tema les sonaba a capricho individual. Adoraban al pueblo descamisado pero huían frente a los chongos “despantalonados”. Desconfiaban de los devaneos nocturnos, de las amistades peligrosas, del deseo sexual. Tal como habían enseñado los higienistas de principios de siglo, estos lunfardos no eran confiables, eran débiles y delatores. Y con la justificada paranoia por el tema de la seguridad, en un momento en el que cualquier dato en manos del enemigo significaba tortura y muerte de los propios, vieron en cada maricón a un soplón.

El ERP llegó a protestar porque a sus militantes solían encerrarlos con los maricas que caían en las redadas morales de los cines y bares. Es parte de una intangible justicia poética que la mejor respuesta a esa afrenta terminara convertida en una comedia musical, luego de ser best seller y película con Oscar incluido: El beso de la mujer araña de Manuel Puig cuenta esta situación e invierte los papeles, cuando el homosexual Molina pasa de “buchón” de la Policia a héroe, por supuesto, por amor.

Fidel Castro había sido claro: “La revolución no necesita de peluqueros”. El escritor cubano Severo Sarduy contestó con picardía maricona: “Lo primero para hacer la revolución es ir bien vestida”, frase que solía repetir Perlongher.

Historia de la homosexualidad en la Argentina

De la Conquista de América al Siglo XXI

Osvaldo Bazán

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