Disfraces

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“Estoy adorable con mi vestidito de ángel.” La señora Portier había dicho a mamá: “Su hijito es delicioso. Está para comérselo. Está adorable con su vestidito de ángel.” El señor Bouffardier atrajo a Lucien entre sus rodillas y le acarició los brazos. “Es una verdadera niña -dijo sonriente-. ¿Cómo te llamas? ¿Jacqueline, Lucienne, Margot?” Lucien se puso colorado y dijo: “Me llamo Lucien.” No estaba del todo seguro de no ser una niña. Muchas personas lo habían besado llamándolo señorita, y a todos les parecía encantador con sus alas de gasa, su largo vestido azul, sus bracitos desnudos y sus rubios bucles. Tenía miedo de que los mayores decidiesen de repente que ya no era un niño. Por mucho que él protestara, nadie le haría caso, y no le permitirían ya quitarse el vestidito nada más que para dormir, y por la mañana, al levantarse, se lo encontraría al pie de la cama, y cuando quisiera hacer pipí tendría que levantarselo, como Nenette, y hacerlo sentado. Todo el mundo le diría: “Preciosa, ricura mía”. Tal vez ha sucedido ya y soy una nena.

La infancia de un jefe                

Lainfanciadeunjefe

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