Inés Hurtado.

… A la noche, Inés lo notaba muy desalentado y trataba de persuadirlo de que era difícil, por no decir imposible, conciliar el trabajo y el placer.
—Pero tu trabajo  te divierte —exclamaba Rufo—. La ropa te gusta.
—Me gusta vestirme yo, pero no vestir a las demás. Te aseguro que no es ningún placer pasar del taller al probador, lidiar con las oficialas y sonreírles a las clientas. Son muy testarudas y caprichosas.

… Balzac ha dicho a propósito del vestido de una burguesa: “Acertar a medias es equivocarse dos veces”.
Vestir a las demás exigía seguir la moda de París y al mismo tiempo modificarla insensiblemente, adaptarla a Buenos Aires, interpretar los modelos de manera que disimularan los defectos o hicieran resaltar los encantos de mujeres muy distintas, y en todos los casos, sin traicionar una linea o un estilo determinados, lograr complacerlas. Entonces el gusto requería invención y un ejercicio de la inteligencia que por momentos llegaba a confundirse con la inteligencia verdadera.

La pérdida del reino   
José Bianco   
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