1947 New Look. Dior.

El 12 de febrero de 1947, Christian Dior irrumpió en el escenario de la moda y con una sola colección, puso fin a la guerra y a sus monótonas secuelas. Los modelos que desfilaron por el salón de la prístina sede del número 30 de la avenue Montaigne, tenían un aspecto muy diferente del que ofrecían las mujeres del público. Con faldas que precisaban varios metros de tela para su confección, las modelos se paseaban por la pasarela arrulladas por el fru-frú de las enaguas.

Con un revuelo de nailon tieso, tejido de descubrimiento reciente, Christian Dior, un hombre de cincuenta años se había llevado por delante la silueta militar de hombros cuadrados creada por Schiaparelli, que imperaba desde hacía trece años ininterrumpidos. Las técnicas de confección eran terriblemente complicadas, algunas de aspecto victoriano y otras de aparición reciente. La falda estallaba en pliegues, algunos pespunteados sobre la cadera o expandiéndose con fuerza bajo la curva rígida de los bajos de la chaqueta. Las faldas emitían su susurro a un palmo y medio del suelo, las modelos llevaban medias de nailon sumamente transparentes, zapatos de punta muy fina y tacones altísimos.

 
Los periódicos parisinos del día siguiente quedaron paralizados por la huelga, lo que hizo que la prensa extranjera fuera la primera en pregonar el triunfo de lo que se dio en llamar de inmediato el New Look. En solo una tarde, Dior restauró la confianza del mundo en París como líder de la moda.

Coco Chanel se enteró del acontecimiento por los periódicos suizos. Empujada por la curiosidad y la indignación, viajó a París, donde en el momento de entrar en el Ritz se tropezó con Christian Bérard, que había ilustrado el New Look en Vogue, y lo acusó de ser el causante de la ruina de la alta costura francesa.

En el éxito de Dior había algo más que publicidad inteligente. Las mujeres elegantes de París se liberaban, además, de los traumas de la guerra. Balenciaga, Lelong, Fath y Rochas presentaban colecciones que eran muchísimo más suntuosas que las ofrecidas con anterioridad.

Las mujeres habían estado cinco años privadas de todo, por lo que se lanzaron sobre la moda como bestias hambrientas- recordaría la marquesa Emmita de la Falaise.
Chanel fue testigo desde bastidores del cambio importante que experimentó la moda francesa: la aparición de los hombres diseñadores durante la posguerra. Entre 1920 y 1940 las casa de alta costura más influyentes habían estado siempre en manos de mujeres. Además de Chanel, Lanvin, Vionnet y Schiaparelli, también Nina Ricci y Alix Czereskow (Madame Grès) habían dirigido con éxito sus empresas. Ahora el diseño de la moda estaba cada vez mas en manos de los hombres.
Lucien Lelong, Marcel Rochas, Jean Patou, Edgard Molyneux, Mainbocher y Cristóbal Balenciaga ya habían abierto sus empresas con anterioridad a la guerra, y les siguieron Hubert James Marcel Taffin de Givenchy, Pierre Balmain y Pierre Cardin.

Los hombres trabajaban de otra manera. Utilizaban papel, hacían bocetos de ideas en lugar de moldearlas sobre maniquíes o modelos vivos. Sus diseños solían ser más atrevidos que los de sus colegas diseñadoras, quizás porque ellos no tenían que ponerse los vestidos que creaban. Para ellos las consideraciones de carácter práctico pasaban a tener un aspecto secundario y se situaban por detrás de la espectacularidad efectista. “El diseño es una sublimación del deseo de ponerse ropa de mujer”, dijo Jacques Lenoir, el elegante propietario de la marca de ropa de confección Chlöe. “Los diseñadores no aman ni odian a las mujeres, rara vez se enamoran de alguien…”

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