De salones y ascensores

El ascensor de la Casa Balenciaga era célebre, estaba forrado de cuero rojo y claveteado de remaches de latón, y se desplazaba majestuosa y lentamente.
Era el umbral que separaba el área pública de la casa del mundo privado de la misma, ya que sólo se permitía a las iniciadas acceder a los salones de la primera planta. Tanto las clientas particulares como los compradores comerciales y la prensa eran convocados a la casa por invitación expresa, y de ellos se esperaba un comportamiento responsable y una atención dedicada hacia las prendas.

Ilustración de Eric (Carl Erickson) de una modelo en el ascensor de la Casa Balenciaga, con un vestido diseñado por el modisto, publicada en la edición inglesa de Vogue, en noviembre de 1948
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