La extraña pasajera

Now, voyager. La extraña pasajera

Director: Irving Rapper

Vestuario: Orry Kelly


La acción se desarrolla en Boston en 1940/41. Narra la historia de una mujer atormentada, Charlotte Vale (Bette Davis), que vive sometida a los caprichos de su madre, que la desprecia y se burla de ella. Sumida en una profunda tristeza, su hermana Lisa (Ilka Chase) la hace visitar por un psiquiatra, el Dr. Jaquith (Claude Rains), que le aconseja unas semanas de descanso en el Sanatorio Vermont.

Ya repuesta, realiza un largo viaje, se abre al amor sin escrúpulos ni remordimientos, se transforma en una mujer atractiva, sobre todo elegante, y descubre el amor junto a un hombre casado Jerry Durrance (Paul Henreid) durante un crucero por Sudamérica.

Charlotte sabe que Jerry no puede divorciarse de su esposa y a su regreso a Boston se promete en matrimonio con otro hombre. Cuando Jerry se cruza nuevamente en su camino, se da cuenta de que todavía lo ama y rompe el compromiso. Su tiránica madre se encoleriza, y en una vehemente riña entre las dos mujeres muere de un ataque cardiaco.

Deshecha, Charlotte ingresa de nuevo en el sanatorio donde recibió inicialmente el consejo psiquiátrico, y conoce a una muchacha muy parecida a ella antes de la transformación. La chica resulta ser hija de Jerry y Charlotte la ayuda a florecer y se la lleva a su casa. Por fin, Durrance le propone matrimonio, pero ella no acepta que abandone a su esposa y se conforma con ser madre adoptiva de la niña.

La película es uno de los más renombrados melodramas románticos del cine americano de los 40. Exalta a la mujer que lucha sola por su independencia y su libertad. El sacrificio por lealtad a un amor imposible, similar al de “Casablanca” responde, también, a los gustos de la época y a las exigencias de la censura.

Como tantas otras veces, Bette Davis contribuyó activamente al enriquecimiento de La extraña pasajera. Las pruebas iniciales de vestuario y maquillaje de Paul Henreid, un actor austríaco de 34 años que hacía su cuarto trabajo en Hollywood, lo mostraban con el pelo engominado hacia atrás y un batín de seda, y Bette se horrorizó al verlo. “Estaba idéntico a Valentino -dice-. No encajaba en nada con su personaje. Creí que era la imagen que él quería proyectar, pero cuando me comentó que la detestaba tanto como yo, insistí en repetir la prueba. Por suerte, mi petición fue aprobada. Con esa imagen habría arruinado la película”.


“No pidamos la luna, porque ya tenemos las estrellas”
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