Turismo vascongado

En Bayona, la boina y la alpargata anuncian al país vascongado. Los semblantes ofrecen características de pureza étnica que en vano buscaríamos por los barrios de París. Una iglesia, severa a pesar del realismo incipiente de sus imágenes, nos recibe con un letrero en que se lee:

“Las señoras vestidas de modo indecoroso deben abstenerse de entrar en la iglesia”.

Pero, ¿a qué le llamará el buen párroco “vestirse de modo indecoroso? Porque, de acuerdo con la multiplicidad de modas impuestas en las playas actuales (¡no olvidar que estamos a unos kilómetros de Biarritz!), es difícil saber ya dónde termina el bien y comienza el mal.
En materia de indumentaria femenina, lo que era perfectamente indecoroso hace años, se ha vuelto ahora atributo de una mojigatería imperdonable. ¿Indecorosos los brazos desnudos, la piernas sin medias? ¿Qué diría el excelente cura de Bayona si su iglesia fuera visitada por algunas muchachas adictas al short, ese pantaloncito corto que hizo furor, este año, en todas las playas de Europa? ¡Oh, señor! ¡Cuán oscuros son los designios de la Providencia…!

De crónicas de España (1925-1937)
Alejo Carpentier
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