Safo va a Hollywood. 3-El señor Toska


Dos días después, un domingo, hubo otra llamada telefónica. Garbo le había sugerido a Salka Viertel que invitara a De Acosta a desayunar. Esta vez, De Acosta estaba deslumbrada por el “exquisito color” del bronceado de las piernas de Greta, su cara fresca y luminosa, su excelente humor. Luego del desayuno, allí, sobre el destellante Pacífico, Garbo y De Acosta pusieron discos y bailaron. Hablaron en profundidad sobre la palabra rusa “toska”… una melancolía profunda, anhelante. Garbo invitó a De Acosta a almorzar, pero esta pretextó que ya había aceptado una invitación de Pola Negri.
–¿Y qué? Llámala y dile que no puedes ir.
–¿Cómo puedo hacer eso a último momento? Pola dijo que sólo se trataba de un pequeño almuerzo para seis personas.
–¡Un pequeño almuerzo para seis personas! –Garbo se rió estrepitosamente. No seas tonta. Más bien 600… Veo que no conoces Hollywood, pero ya aprenderás la lección. Verás vos misma.
Mientras el chofer se llevaba a De Acosta, Garbo le alcanzó una flor. “No digas que nunca te di una flor”, dijo, riendo y saludando con la mano.
Alrededor de cien personas descansaban en la terraza florida de Pola con vista al mar. A mitad del almuerzo, el mozo se acercó: “Señorita De Acosta, la llaman por teléfono… Un tal señor Toska”.
¡Greta! De Acosta corrió hasta San Vicente Boulevard, donde Garbo, con un vestido chino de seda negra y chinelas de hombre, esperaba en la entrada. Parecía cansada, deprimida y enferma… completamente distinta de la radiante mujer de esa mañana. Sentada sobre una piedra del jardín, Garbo rumiaba algo sobre los horrores de rodar “esa espantosa Susan Lenox, de su fatiga y su insomnio”. Finalmente, dijo: “No hablemos. Tiene tan poco sentido hablar y tratar de explicar las cosas. Mejor sentémonos y no digamos nada”.
A la mañana siguiente, cuando De Acosta llegó, encontró a la criada de Garbo haciendo las valijas para un viaje. “Perdóname. Sólo estoy muy cansada”, dijo Garbo. Iba a estar sola durante seis semanas en la cabaña de una pequeña isla, en un lago de Sierra Nevada. Jurando guardar el secreto, la enferma de amor regresó a su casa. Allí la esperaban malas noticias: East River, su película con Negri, había sido cancelada. Dos noches después, Garbo llamó: “Estoy volviendo. Fui a la isla, pero vuelvo por vos”.
Y luego comenzó lo que De Acosta recordaría como “las seis semanas perfectas de toda una vida”.

Del libro “The Girls: Sappho goes to Hollywood”
publicado por St. Martins Press.
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