Venus defectuosas

Barbra Streisand tuvo que defender el tamaño de su nariz como si fuera su patria; los pies de Sofía Loren eran mucho más grandes que los de su amante Carlo Ponti; Liz Taylor puede caerse al suelo bajo el peso de sus pechos y entonces sí tendría pretextos para decir su célebre frase “soy lo que queda de mí”.

Los vestuaristas, mucho antes que los cirujanos, han practicado la corrección indolora del corte y la confección para mejorar lo que naturaleza no da y Salamanca no presta. El genio de Adrián, vestuarista estrella de Cecil B. de Mille, remodelaba a las venus defectuosas.


–Sí, las divas eran divinas, pero de cara:  Norma Schearer tenía talle largo y piernas regordetas. Greta Garbo era chata de busto y encorvada. Constance Benett tenía omóplatos como alas. Joan Crawford, cuando Adrián la vio –él mismo lo cuenta– se preguntó por dónde empezar. En Letty Linton se vio obligado a hacerle mangas como faroles chinos. Es que tenía una cabeza enorme.

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