Clientas

Las clientas de Balenciaga provenían del otro lado del Atlántico, de Australia y de Europa y pertenecían a las clases gobernantes, aristocráticas y adineradas, al mundo del espectáculo, las artes y el comercio; eran mujeres jóvenes, de mediana edad o maduras. Algunas le fueron leales durante 20 o 30 años; otras, de manera intermitente o acudieron a él una sola vez.

En París, por ejemplo, la veterana modista Madeleine Vionnet, una de sus primeras mentoras, seguía siendo una clienta fiel a la edad de 92 años. En 1967 confesó públicamente que era de lo más feliz con un traje-pantalón matelassé en seda rosa estampada y una larga robe de chambre de pelo de camello hechos por el maestro.
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