La moda elegante

Cuando a principios del siglo XX, Georg Simmel dictaminaba sobre la moda elegante encontraba en la distinción la doble función de distinguirse, de diferenciarse, pero al mismo tiempo de identificarse, de admitirse igual a otros. Probablemente fue la moda elegante el último vestigio visible que se democratizó. Las buenas familias, justamente las personas distinguidas, siguieron arropándose con atavíos distintos y distantes, atavíos que marcaban esa barrera apreciable que las muchedumbres contemporáneas se aprestaban a rebasar. En efecto, la moda siguió siendo la manera de crear vistosamente un espacio propio, una reserva egocéntrica en la que identificar a quienes son como uno cree ser. El largo siglo XIX se prolongó hasta 1914, como también las maneras de vestir. Levitas oscuras, cuellos almidonados, sedas apagadas, corsés y miriñaques. Vemos a petimetres envejecerse deliberadamente hasta convertirse en adultos obesos con barbas hirsutas, con patillas descomunales y con bigotes retorcidos; vemos a damiselas ceñidas por la armadura de unas telas que agigantan los pechos al tiempo que los cobijan; vemos a familias de recta presencia, de patriarcal postura, rodeando al severísimo padre, centro y tutela de la progenie y de la esposa.

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2 pensamientos en “La moda elegante

  1. creo q en los tiempos d antes se savia apreciar una prenda bien hecha, ahora ya casi no usan ropa.Pero la moda casi siempre es asi,extremista,o con mucha ropa o casi desnudas.pero como dice el dicho”la moda no incomoda”ja,ja.

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