La femme ornée

“Desnudar a una mujer es una empresa comparable con la toma de una fortaleza”.

Jean Cocteau

La imagen de la “mujer adornada” de la belle époque se caracterizaba por comprimir, torcer y cubrir de postizos el cuerpo femenino, para recrear la que era la figura ideal de la época: el reloj de arena. Esto se lograba mediante el uso del tortuoso corsé, armazones y amarres complicados.
El cuello, alto, estrecho y rígido, obligaba a erguir la cabeza, mientras que los sombreros, algo inclinados y de anchas alas, se decoraban con pesadas plumas de avestruz. Las mangas estaban ahuecadas en el hombro, se recogían en el codo y se estrechaban hasta la mano. Cubrían hasta los nudillos para no mostrar zonas indecorosas. Las faldas llegaban hasta el suelo y se ensanchaban en las caderas, cayendo en forma de campana. Su parte posterior estaba decorada con pliegues y rematada con una pequeña cola. Los zapatos y botines eran puntiagudos y se sostenían sobre medios tacones barrocos. Los complementos imprescindibles eran las medias de seda negra, los guantes ajustados y la sombrilla, que servía para preservar el tono blanco de la piel. Para el día se usaban telas de lino, terciopelo y lana. Los colores eran pasteles claros o apagados como el rosa, azul o malva. Estos vestidos se adornaban con galones, cintas, lazos y volantes. Para la noche se recurría a la seda, las puntillas, la muselina, el tul, el crespón de China o el satén entre otros. Eran imprescindibles los guantes largos para “vestir los brazos” y para que no se vieran las manos desnudas

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