¡Quítate el pelo de la cara, Veronica!

Constance Ockleman nació en Brooklin en noviembre de 1919 y su gran fama la ganó gracias a su influencia en la estética y la moda durante la década de los cuarenta; sobre todo en lo referente a su peinado, conocido como Peek-a-boo-bang, consistente en que una mata de su impresionante cabello platino le cubría el ojo derecho. Su pelo y su tremenda elegancia la convirtieron en una diva cargada de sofisticación y suntuosidad, pese al lastre de su baja estatura. Su belleza y su voz opaca y ronca eran ideales para los papeles de mujer fatal del cine negro de la época. En definitiva, Veronica Lake fue una diva de transición entre las oscuras damas de los años 30 y las más mortíferas y ambiguas que surgieron en los 40.
La Paramount la descubre y la hace debutar de inmediato en “Vuelo de águilas” (1942), a raiz de lo cual la crítica de Nueva York afirmó: Sólo demuestra talento para lucir vestidos largos.
Tras sus primeros papeles, llegó a ser una de las chicas preferidas de los hombres americanos, sobre todo los soldados del frente.
Justo cuando empezaba a reinar en Hollywood se produjo el hecho que marcó su vida y su carrera: el Departamento de Guerra de los EEUU exigió a la Paramount la prohibición del célebre peinado de la diva, puesto que, según ellos, las chicas que trabajaban en las fábricas de armamento lo estaban imitando y, al llevar un ojo tapado, se estaban produciendo numerosos accidentes. Su peinado entró así en la historia, con la misma facilidad con que Veronica Lake salió de ella.

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