Trajes de baño I

Hacia 1780 se inicia en el sur de Inglaterra la moda de los baños de mar, pero hay que esperar treinta años para ver, en el verano de 1812, a la reina Hortensia lucir en Dieppe lo que podría considerarse el primer traje de baño moderno: un conjunto de punto, color chocolate que consistía en una camisa bordada cubierta por una túnica de manga larga, con pantalones a la turca ceñidos a los tobillos y, en el pelo, una carlota inspirada en el gorro de dormir.
Ese fue el arquetipo de traje de baño femenino, vigente hasta finales del siglo XIX: debía estar exento de cualquier connotación erótica. Para ello se usaron colores lo menos favorecedores y más oscuros posibles: tras el color chocolate de Hortensia vinieron los marrones, los grises oscuros, los burdeos y el negro.
Hasta la segunda mitad del XIX, los caballeros llevaron un traje de punto de una sola pieza, combinación de calzoncillo y camiseta, normalmente a rayas.
Las señoras, cubiertas con una capa hasta los pies, corrían con el sombrero y los zapatos puestos, desde la caseta hasta la arena húmeda. Se quitaban la capa y los zapatos antes de meterse en el agua hasta las rodillas. Se salpicaban un poco unas a otras y, tiritando ostensiblemente, volvían a ponerse el albornoz y regresaban corriendo. Frecuentemente las casetas eran rodantes, tiradas por mulas, y entraban hasta el agua, para que se pudiera entrar y salir directamente, sin fatigarse.

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