Cosas dignas de verse


…Un día frío y encapotado, la nieve comenzó a caer en deshilachados copos, depositándose sobre las ropas azules y blancas de la gente en la procesión y sobre la flores que llevaban en sus tocados. Esta visión me resultó deliciosa. Las vainas de los danzarines de espadas brillaban espléndidas, y las cintas de sus chaquetas, que colgaban sobre las vainas, eran tan brillantes que parecían pulidas. Debajo de las telas estampadas de sus faldas pantalón, yo distinguía la brillante seda de sus vestidos interiores, y por un momento me pregunté si serían de hielo. Gozaba con la belleza de la procesión cuando aparecieron los mensajeros. Por cierto era un grupo nada ilustre, formado por gobernadores de provincias y personas de ese tipo, hombres de aspecto vulgar, poco dignos de consideración. Sin embargo, como sus rostros seguían ocultos por las ramitas de glicina de sus tocados, no era desagradable verlos retirarse. Mientras mirábamos a los bailarines aparecieron los músicos vistiendo trajes color sauce y con rosas amarillas en sus tocados. Eran insignificantes hombres de bajo rango, pero era encantador oírlos cantar y marcar el ritmo ruidosamente con sus abanicos…
Sei Shonagon “El Libro de la Almohada”

Sombrero de confitería (César Taibo-2006)

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