Norine y Magritte. Moda y Surrealismo.

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La historia de la moda de vanguardia belga comienza con Norine como representante del movimiento modernista en la moda.

Norine fue dirigido por una pareja carismática : el intelectual Paul-Gustave Van Hecke, que se convirtió en mecenas del arte de R. Magritte y la couturière Honorine Deschrijver “Norine” . Juntos reunían en su casa privada, en sus galerías de arte y en sus salones de alta costura a los más destacados artistas contemporáneos nacionales e internacionales.

Establecieron su negocio de alta costura durante la Primera Guerra Mundial.

Por primera vez, una casa de alta costura belga creaba sus propios diseños en lugar de comprarlos en París, y  ofrecía una alternativa local atractiva y muy original . Después de la guerra , se convirtieron en una de las casas de moda más importantes del país. Sus diseños vanguardistas trascendieron audazmente la modesta convencionalidad de Bélgica y atrajeron a la intelectualidad artística.

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 En 1924 René Magritte comenzó a diseñar carteles y anuncios para Norine y en 1927 se hizo cargo de la concepción de un catalogo de abrigos de piel, que el artista belga presenta en ese clima de misterio tan característico.

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Modas erógenas

No es para nada extraño que cuando el vestido inaugura una nueva motivación, exagere en demasía la función que esta ejerce. Cuando surgió el fenómeno de la moda hacia 1350 – 1370 la estrenada función de expresión de la naturaleza sexual a través del vestido, se mostró en vientres prominentes que simulaban embarazos como el de la señora Arnolfini en la pintura de Van Eyck, o en grandes escotes y profundas quillas que señalaban zonas erógenas femeninas.

Las prendas masculinas ostentaban en cambio mangas y calzones con rellenos para acentuar la virilidad.

Susana Saulquin   
La moda, después   

Moda Matisse. Moda Fauve

Maestro a la hora de expresar sentimientos a través del uso del color y la forma, Henri Matisse nació en Le Cateau-Cambrésis, en el norte de Francia, el 31 de diciembre de 1869.
La verdadera liberación artística de Matisse se manifiesta en el uso del color como configurador de formas y planos espaciales.
Su lenguaje evolucionó, influido por pintores postimpresionistas, hacia una nueva expresión subjetiva de la realidad basada en una concepción del color liberado de cualquier tipo de función descriptiva.
Sus temas son inocuos, bucólicos, retratos, interiores, visiones idílicas del hombre en la naturaleza y paisajes. Su realización es muy colorida y atrevida: una explosión de colores violentos y arbitrarios, en disonancia deliberadamente calculada. Tratan de transmitir la reacción emotiva del pintor ante el tema elegido, sin buscar la representación naturalista, sino realzando el valor del color en sí mismo.
Para Matisse el color es el que da entidad a la pintura, el color puede desempeñar el papel de dibujo, de perspectiva, de sombra y de volumen… . Observa que la vida es color y lo plasma en su pintura. La supresión de sombras y su sustitución por colores puros hace que la pintura brille más que nunca. 

 
 Mujer con vestido blanco. 1946
 Mlle. Matisse con abrigo escocés. 1918
 El sombrero amarillo. 1929
 El vestido verde tilo. 1929-1931
 Mujer en azul. 1937
Mujer con vestido violeta y anémonas. 1937

Arte y moda en los vestidos reforma.

Durante el verano de 1906 Emilie Flöge se transformó en modelo de su propio salón. Con el decorado del campo cercano, las orillas en suave pendiente del lago Attersee y del jardín del retiro estival que ella y Gustav Klimt habían elegido en la Alta Austria, presentó diez variaciones de vestido largos; prototipos de los trajes nacidos de la reforma vienesa de 1900.

 En esta memorable sesión fotográfica es el mismo Klimt quien se coloca detrás de la cámara, eligiendo los encuadres como si estuviera componiendo sus propias pinturas.
¿Inventó asi Klimt el oficio de fotógrafo de modas? Lo que no se puede negar es que fue el primero en tomar clichés en plena naturaleza y no en el taller de moda.

Emilie Flöge fue sin dudas la primera modelo del mundo. Lo atestiguan las fotografías que Madame d´Ora (Dora Kallmus) le tomó a partir de 1909: la vemos posar en medio de su salón con vestidos artísticos creados por aquellos que frecuentaban el “círculo Klimt”

Desde 1904 dirigió con sus hermanas Pauline y Helena, el elegante “Salón de las hermnas Flöge”, consagrado a la alta costura y para cuya decoración Klimt volvió los ojos hacia la Wierner Werkstätte. Se decidió encerrar los caprichos del lujo y la moda en un “salón-estuche” de una geometría estricta, decorado en tonalidades puras de negro, blanco y gris.

Klimt también se encargó de la imagen de marca del salón de las tres hermanas. El logotipo de la casa aparecía en el papel de cartas, en las facturas y transformado en etiqueta tejida era cosido en cada prenda.

Klimt y la moda  
Christian Brandstätter  

Ilustración y fotografía en Vogue. 1920-1930

Las décadas de 1920 y 1930 representan la “edad de oro” de la ilustración de moda.

La admiración de Condé Nast por la Gazette du bon ton, de Vogel, le animó a invertir en ilustraciones en las páginas interiores de Vogue. 

 
 
Entre 1910 y el comienzo de la segunda guerra mundial, la portada de la revista (siempre de gran impacto) consistió en una ilustración de uno de los miembros de su equipo. Después de la primera guerra, a los ilustradores de Vogue (Helen Dryden, George Wolf Plank, George Lepape, y J. C: Leyendecker) se unieron otros artistas como: Eduardo Benito, Charles Martin, Pierre Brissaud, André Marty y Mario Simon. 

No obstante, el principal objetivo de Vogue, expresado por el propio Nast y su indomable jefa de redacción Edna Woolman Chase, era mostrar la moda a sus lectoras de la manera más informativa y detallada posible.  Discrepaban así con los artistas, que estaban interesados en conseguir dibujos entretenidos y efectos decorativos… estaban aburridos de cualquier cosa que se pareciese a transmitir fielmente el espíritu de la moda contemporánea.

Aunque a Nast  le gustaba promocionar todas las novedades del arte, siempre y cuando contasen con el chic intangible de Vogue, se mostraba ambiguo sobre el valor de la ilustración frente a la fotografía. Sus reservas se disiparon gracias a la obra del americano Carl Erickson (Eric), que fue a Paris para realizar un reportaje sobre la moda francesa, y del archienemigo de éste, el conde René Bouët-Willaunez. 

 
 

Durante la década de 1930, estos dos artistas (con ciertas similitudes de estilo) establecieron un nuevo estándar  de realismo en la ilustración de moda. Sin embargo la balanza empezó a inclinarse a favor del reportaje fotográfico: la primera fotografía de portada en color (de Edgard Steichen) de una mujer en traje de baño, apareció en 1932. En 1936, el análisis de las ventas de Vogue  reveló que las portadas fotográficas se vendían mejor. Según Nast el futuro estaba en la fotografía; así la ilustración se relegó sobre todo a las páginas interiores.

Vestidos portadores de sueños

En “El beso” (oleo sobre tela. 1907/1908)  de Gustav Klimt, el ícono más célebre del Jugendstil, el vestido de la mujer es portador de un sueño:  el de un posible retorno al paraíso gracias a lo femenino. Mediante destellos dorados, ornamentos preciosistas y adornos en forma de estrella, el creador aplicó en la tela del vestido detalles multicolores, ovales o cuadrados, componiendo jardines de flores que nos permiten vislumbrar, como a través de un caleidoscopio, el jardín del Edén.
La diferencia entre los motivos ornamentales de los dos vestidos -formas duras y rectangulares para el hombre y suaves y sinuosas para la mujer- pone en contraste el poder y la delicadeza.

Klimt y la moda   
Christian Brandstätter   
H. Kliczkowski   

El vestido de las flores


Maestros: Rafael de Penagos

Sus conocidísimas figuras femeninas, maquilladas, modernas y coquetas, se convirtieron en el modelo de los “felices años veinte” madrileños.

Rafael de Penagos (1889) nace artísticamente con el siglo, pues en 1900 se matricula en la Escuela Superior de Artes e Industrias y se inicia en el campo gráfico. En 1904 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y fiel a los gustos de la época, se inclina por la corriente orientalista, aunque ya entonces comenzó a introducir ciertos elementos compositivos del cubismo que él mismo conoció desde los inicios en sus viajes a París.

Desarrolló su faceta ilustradora mediante colaboraciones en prensa y carteles para los Bailes de Máscaras del Teatro Real, del Círculo de Bellas Artes y para los espectáculos de Tórtola de Valencia, evolucionando hacia unas líneas claras y fluidas, estilización y elegancia características de la Belle Époque.


Posteriormente viaja a Barcelona y a Londres, a cuya pujante burguesía plasma en los dibujos que publica en España en las revistas La Esfera, Nuevo Mundo, Blanco y Negro y ABC. En 1915 vuelve a establecerse en Madrid, donde se convierte en colaborador habitual de la casa Gal, con un estilo que va dejando atrás el modernismo para imbuirse en un creciente Art Déco, especialmente a partir de 1917, tras el impacto que le producen los Ballets Rusos. Durante las décadas de 1920 y 1930 sus colores se hacen más ácidos, su línea se torna más marcada y desaparece el sombreado. En 1925 recibe la medalla de oro en la Exposición Internacional de Arte Decorativo de París. En esta etapa, su trabajo abarca desde la confección de carteles para la industria cinematográfica hasta la colaboración en editoriales y publicaciones periódicas varias y el diseño gráfico de anuncios publicitarios, como el del jabón Heno de Pravia.

Los años cuarenta están protagonizados por sus viajes por Latinoamérica, cuya bonanza económica favorece la publicación de sus dibujos, especialmente en Chile y Argentina. Finalmente, en 1953 regresa a Madrid, donde muere al año siguiente.

Distorsiones. Renacimiento y barroco

Durante el renacimiento el único cambio importante en la indumentaria masculina, aparte de una mayor ornamentación, fue el alargamiento de los calzones, que como era normal, iban muy adornados por quedar a la vista. Por otra parte, la mujer fue luciendo unas prendas cada vez más restrictivas. A principios del renacimiento apareció un corsé largo y rígido en forma de cono, más largo por la parte delantera, que oprimía la anatomía de la mujer. Antes se había utilizado el corsé para realzar la figura pero nunca para distorsionar de tal manera las formas femeninas, ya que el pecho era obligado a sobresalir por encima del corsé.
A partir de la Revolución Francesa (1789-1799) la moda varió enormemente pero la práctica de distorsionar la figura de la mujer persistió. Aunque la rigidez del corse se vió algo aliviada al sustituirse las guías metálicas por huesos de ballena, la moda se hizo algo más incomoda por la costumbre de dar volumen a las faldas con la adición de armazones que podían ser desde bolsas de salvado hasta complicadas armaduras metálicas.

Aunque en el renacimiento las prendas básicas siguieron siendo las mismas que las de la Edad Media, el estilo relativamente natural fue sustituido por formas complicadas, encajes y forros que proporcionaban un aspecto de rigidez. Esto era, en parte, consecuencia del extremado formalismo de las cortes tradicionales de los Habsburgo, especialmente de la casa de Austria en España. Los escasos intentos por eliminar esta rigidez de la moda europea no fueron seguidos por la corte española, como lo demuestran las enormes faldas armadas de los retratos de la familia real del pintor Diego Velázquez.

El señor de los zapatos

Andy Warhol utilizó sellos de caucho para crear patrones y símbolos repetidos en sus obras comerciales y en algunas pinturas. En la década de 1950 Warhol fue contratado por varias compañías para que ilustrara sus productos, y sus dibujos combinaban a menudo los sellos de caucho con la técnica de la línea manchada.

En 1955, Warhol trabajó en una de las campañas de mercado más sofisticadas de la industria del calzado cuando se convirtió en el ilustrador de I. Miller and Sons Shoes. Por aquella época, I. Miller intentaba crear una nueva imagen y experimentó con estrategias que usaban la repetición para grabar su producto en la mente de los consumidores. Los sellos permitieron a Warhol crear rápidamente una diversidad de ilustraciones dentro de un tema similar. Podía modificar el color y la composición de las obras de arte, dando a sus clientes una selección para que eligieran. El experimento tuvo un gran éxito, y Warhol llegó a ser conocido en la industria como la persona de los zapatos, ganando más 100.000 dólares en 1956 por sus ilustraciones de moda.

La campaña llegó a su fin cuando en 1959 la empresa decidió recurrir a la fotografía.